Editorial

Jóvenes emigrantes

Hay, pues, mucho qué trabajar en materia de calidad del empleo para los jóvenes en el país.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 26 de julio de 2017

Aunque las estadísticas muestran que la emigración boliviana ha disminuido en los últimos años, eso no significa que la fuga de mano de obra y de cerebros haya acabado o dejado de ser un problema para el país. Una nueva investigación revela que seis de cada diez jóvenes paceños de entre 15 y 29 años de edad se van al extranjero en busca de nuevas oportunidades.

En efecto, el instituto de investigaciones de la Carrera de Trabajo Social de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) está a punto de publicar los resultados de su estudio Migración y juventud, en el que se evidencia que las ciudades de La Paz, El Alto y Viacha, consideradas parte del “eje metropolitano” del departamento, expulsan hasta un 60% de jóvenes.

Según Alfonso Hinojosa, docente e investigador del mencionado instituto (y sin duda uno de los más importantes estudiosos del fenómeno migratorio en Bolivia), las y los jóvenes que abandonan el país en busca de mejores oportunidades salen hacia Brasil o Argentina, donde suelen encontrar trabajo en los talleres clandestinos de confección de prendas de vestir, que a menudo son denunciados por explotación laboral.

Ayuda a comprender el interés que tienen tantos jóvenes por trabajar en los talleres de confección la explicación que brinda el investigador al señalar que “ellos saben que los primeros meses o el primer año se sufre en los talleres, pero también saben que en el segundo o tercer año ellos pueden generar su propio emprendimiento y luego ahorrar”. Agrega que algunos de estos jóvenes llegan a casarse con bolivianas, con quienes inician un nuevo emprendimiento, hasta juntar dinero suficiente para construir su casa en La Paz o El Alto.

Junto con la búsqueda de un trabajo, que es esclavizante pero muy rentable, los jóvenes emigran porque no encuentran empleo de calidad en su propio país, señala un investigador del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario (CEDLA), quien sostiene, basado en una investigación de su centro, que el 93% de las y los jóvenes en La Paz tienen empleos precarios.

A su vez, el Jefe de la oficina de la Organización Mundial para las Migraciones sostiene que la migración y la movilidad humana son un derecho y que, por tanto, corresponde a los Estados generar condiciones para que la migración “sea una elección y no una obligación”.

Hay, pues, mucho que trabajar en materia de calidad del empleo para las y los jóvenes. Está claro que se trata de un segmento de la población de la mayor importancia para el desarrollo (por eso los organismos internacionales hablan del “bono demográfico”), que sin oportunidades reales están dispuestos a buscarlas en otro país, incluso a sabiendas que serán abusados. Es tiempo de dejar de hablar de estas personas como el “futuro del país” para comenzar a brindarles un presente, en el que encuentren su camino y aporten a Bolivia.

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