Editorial

Karachipampa

Karachipampa se acerca a cumplir el viejo anhelo de contar con una fundidora propia

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:10 / 12 de agosto de 2014

A tres décadas de su inauguración, y después de varios cientos de millones de dólares invertidos, Karachipampa parece acercarse a cumplir el viejo anhelo de contar con una fundidora de minerales propia. En efecto, el Gobierno acaba de anunciar que esta planta ha comenzado a producir plomo fundido desde el 2 de agosto y que en septiembre fundirá plata.

Si bien el país tiene en la fundidora de Vinto el primer hito de su historia en metalurgia, Karachipampa es parte de una larga historia de frustraciones e intentos por despegar. Desde su inauguración, en enero de 1984, la planta tuvo innumerables tropiezos para arrancar operaciones. La falta de materia prima, ausencia de mercados, la escasez de capital de operaciones y una serie de problemas de orden técnico impidieron que, hasta hace pocos días, Karachipampa pueda arrancar.

Durante años los bolivianos estuvimos resignados a la idea de que esa fundidora era simplemente un elefante blanco más, que iba quedar en los anales de la historia como un lamentable símbolo de lo que los distintos gobiernos del país (militares y civiles) no pudieron o no quisieron lograr.

La historia de la metalurgia boliviana  refleja el anhelo de la sociedad para que el país alcance una tarea elemental: fundir sus propios minerales. No obstante, este paso básico ha tenido que luchar con cientos de obstáculos para concretarse, entre los cuales no han faltado las abyectas acciones de sabotaje de los poderes locales asociados con intereses extranjeros.

Sin embargo, es de esperar que Karachipampa, el procesamiento del litio de Uyuni y, ojalá algún día cercano, el megaproyecto del Mutún sean los puntales de la industrialización de nuestras propias materias primas. Este lógico camino de industrialización —más allá de lo que se pueda hacer en materia de textiles, alimentos y equipos— es la ruta más directa y más inmediata para la necesaria creación de excedente industrial en magnitudes que permitan hablar de un aporte sustancial al financiamiento del desarrollo del país.

Sin embargo, estos sueños y anhelos pueden quedar en nada si es que, nuevamente (ora por negligencia, ora por impericia, ora por simple incompetencia de los funcionarios responsables) se repiten los problemas que ya anteriormente han impedido el arranque de Karachipampa, y que también han frustrado el desarrollo de los otros megaproyectos mineros y metalúrgicos en las anteriores décadas.

El cada vez más competitivo mercado internacional de los minerales nos recuerda que el país no tiene tiempo que perder. En ese sentido, las noticias del inicio de operaciones en Karachipampa son alentadoras. Confiamos en que el cronograma de actividades de esta fundidora se cumpla tal cual se ha planificado en la programación de las autoridades del rubro.

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