Editorial

Labores domésticas

Aún resta mucho por hacer para que sus derechos se respeten y no sean solo ‘letra muerta’.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 21 de julio de 2017

Si hay algún trabajo fundamental pero poco valorado en el mundo es la labor doméstica. Ningún hogar, y por extensión ninguna sociedad, podría funcionar sin que alguien se tome la “molestia” de cocinar, lavar la ropa y los utensilios, limpiar y ordenar la casa. Pero, por el hecho de no ser siempre remunerado, el esfuerzo que este trabajo demanda muchas veces no es reconocido.

Por caso, la OIT estima que en todo el planeta al menos 100 millones de personas reciben un salario por realizar labores domésticas. Pero son muchísimas más las personas que se dedican a este rubro sin recibir ningún tipo de remuneración. Y en ambos casos, la gran mayoría de quienes realizan estas labores, en torno al 90%, son mujeres. En el ámbito laboral el trabajo doméstico es, en la mayoría de los países, uno de los más precarios y desprotegidos, en tanto se caracteriza por excesivas horas de trabajo, bajos salarios y exclusión del sistema de seguridad social (seguro de salud y jubilación). Además, la discriminación, los abusos y los malos tratos son algo corriente en este rubro.

Respecto al país, justo es reconocer que en los últimos años las condiciones de este sector han mejorado significativamente. En parte gracias a la aprobación de normas específicas para este sector, pero también y sobre todo porque son cada vez más las trabajadoras del hogar que conocen sus derechos y exigen que se respeten. Prueba de ello es que hoy en día la mayoría demanda trabajar por horas y en tareas específicas; de allí que sea cada vez más difícil encontrar trabajadoras dispuestas a permanecer “cama adentro”, realizando todo tipo de labores.

De todas maneras aún resta mucho por hacer para que sus derechos se respeten y no sean solamente “letra muerta”, como muchas veces ocurre. Por ejemplo, pese a haber sido promulgada hace 14 años, la Ley 2450 del Trabajo Asalariado del Hogar carece de reglamentación, lo que impide su efectiva aplicación.

En cuanto a las millones de personas que realizan labores domésticas sin recibir ningún tipo de remuneración, en su mayoría mujeres —como antes se dijo—, no sobra recordar que muchas de ellas se ven obligadas a postergar su formación académica y/o profesional por este hecho, ya que el tiempo “libre” que les queda muchas veces les impide asistir a la escuela, o peor aún cursar estudios superiores. Además, no son pocas las mujeres que se ven obligadas a trabajar no solo dentro de su hogar sino también afuera, en empleos formales y/o informales, a fin de poder garantizar el sustento de sus seres queridos.

De allí la importancia de adoptar medidas encaminadas a equilibrar el trabajo doméstico entre todos los miembros de una familia, independientemente del sexo; a tiempo de internalizar entre propios y extraños la premisa de que quienes realizan estas labores no son sirvientas, sino trabajadoras que cumplen un empleo digno y de gran valor para toda la sociedad. 

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