Editorial

Lassos de la política

El problema son los efectos políticos e institucionales que provocan las encuestas fallidas.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 10 de abril de 2017

La reciente victoria del candidato de Alianza PAIS en Ecuador, Lenín Moreno Garcés, quien se impuso en la segunda vuelta con el 51,14% de los votos, plantea importantes preocupaciones sobre la democracia electoral en la región. Sin duda una de las más relevantes tiene que ver con el reconocimiento y aceptación del resultado de la voluntad popular expresada en las urnas.

El domingo 2 de abril, a las 17.00 horas, cuando oficialmente se cerraban las más de 40.000 juntas receptoras de voto (mesas electorales), una empresa encuestadora lanzó un dato terminante, según el cual Guillermo Lasso, candidato opositor, había ganado con el 53,02%, esto es, ¡más de seis puntos de ventaja! Pocas horas después, diferentes conteos rápidos (incluido el de la OEA) y en especial el cómputo oficial de resultados mostraron que en realidad la votación había favorecido a Moreno.

Que la hoy tristemente célebre empresa Cedatos se haya equivocado de tal manera en su exit poll podía quedar en el abultado catálogo de errores de las encuestas electorales. El problema son los efectos políticos e institucionales que provocan. Con apego a esa fuente falaz, Lasso se declaró ganador y salió con los suyos a las calles para un festejo prematuro. Cuando los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE), los únicos válidos, le fueron adversos, no tuvo mejor discurso que declarar “fraude”.

El candidato Lasso, como otros derrotados en elecciones, en lugar de reconocer la voluntad del soberano, opta por acusar al organismo electoral, o al padrón, o al “ventajismo”, o al sistema de cómputo de resultados. Es como de manual: si pierdo en las urnas es porque hubo fraude. Y entonces convocan protestas, golpean a las instituciones, lanzan historias alucinantes de “apagón informático” (sic) y, el guion no falla, exigen “recuento voto a voto”. ¿Aportan evidencia del tal “fraude”? Ninguna.

Con relación a ciertas empresas privadas que, coludidas con partidos políticos y algunos medios, se prestan a manipular datos para generar confusión e incertidumbre, es necesaria una normativa que garantice mínimos técnicos y metodológicos en la elaboración de las encuestas electorales, así como tiempos razonables para su difusión. El caso de Cedatos en Ecuador es elocuente: tras falsear el resultado y sostenerlo, una semana después reconoce que “pudo ser que sí se cometió un error”. El daño está hecho.

Respecto a los Lassos de la política en la región, ya va siendo hora que aprendan a ganar elecciones y, también, a perderlas. De lo contrario, quedará demostrado que su fachada democrática es solo eso: una fachada para encubrir su talante antidemocrático que solo cree en las urnas cuando le benefician. Lenín Moreno ganó con más de 226.000 votos. Guillermo Lasso lo sabe. Será bueno que lo reconozca en lugar de seguir imaginando incongruencias, apagones, misterios... La democracia se lo agradecerá.

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