Editorial

Lección de honor

La disciplina, el respeto y la valen-tía del pueblo japonés se impu-sieron a la tragedia.

La Razón

00:12 / 11 de marzo de 2012

Hace un año, un día como hoy, Japón se vio azotado por uno de los terremotos más fuertes registrados en el planeta. El tremendo temblor de 8,9 grados en la escala de Richter y el posterior tsunami que inundó sus costas pusieron a prueba la ingeniería y la entereza del pueblo nipón, que tuvo que lidiar con un terrible fantasma del pasado: la radiación atómica.

Miles de millones de dólares en pérdidas materiales, miles de hogares destruidos, cientos de muertos y una central nuclear parcialmente destruida (cuyos efectos contra el medio ambiente y la población aún no han sido determinados) fue el saldo que dejó ese fenómeno natural; calificado por los propios japoneses como el peor desastre de su historia moderna, después de la Segunda Guerra Mundial.

Pasados los primeros días de desconcierto, la disciplina, el respeto y la valentía del pueblo japonés se impusieron gradualmente a la tragedia. Sin lamentar su suerte, decenas de miles de pacientes japoneses hicieron largas colas para abastecerse de agua, víveres o combustible. Nadie trató de saltárselas, nadie intentó tomar una ración más de la que le correspondía. Dejaron atrás sus pueblos devastados y se acomodaron con minucioso orden en escuelas y edificios públicos habilitados como refugios. No hubo ni sombra de saqueos, y ningún comerciante elevó los precios para aprovecharse de la desgracia.

La sombra de una posible catástrofe ecológica, como consecuencia de una fuga radiactiva del reactor de Fukushima, hizo más pesado este duro levantarse del pueblo japonés. Por otra parte, esta crisis reeditó los temores generados por el trágico accidente de Chernóbil (1986), en Ucrania, y puso nuevamente a la energía nuclear en el ojo de la tormenta. Varios países, entre ellos Suiza y Alemania, decidieron suspender la construcción de nuevas plantas y reemplazar las existentes. Empero, las naciones que lideran esta expansión nuclear (China, India, Rusia e Italia) anunciaron que mantendrían vigente su política energética.

Ha pasado un año desde entonces y si bien la mayoría de las naciones optó finalmente por desviar la mirada frente a los riesgos implícitos en esta fuente de energía, Japón decidió tomar en serio la lección aprendida con lágrimas y sangre. Luego de Fukushima, el otrora Imperio del Sol Naciente comenzó a desconectar gradualmente sus 54 reactores atómicos y hoy en día sólo dos siguen funcionando. En mayo, éstos también se apagarán, decisión que pondrá en riesgo el normal suministro eléctrico en verano. Empero, el pueblo nipón está dispuesto a pagar el precio que sea necesario para garantizar la seguridad de sus hogares.

Con este gesto de sacrificio y responsabilidad, Japón vuelve a dar una lección al mundo, al demostrar que aún hay sociedades que piensan no sólo en su propio bienestar, sino también en el de las futuras generaciones.

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