Editorial

Líderes en crecimiento

Parece que todo va viento en popa; sin embargo,  no todo lo que brilla es oro

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:51 / 09 de agosto de 2014

La última proyección de la CEPAL sobre la evolución económica de los países latinoamericanos estima que, hasta finales de la presente gestión, la tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de Bolivia será de 5,5%. Sin duda esta cifra, la más alta entre las naciones de la región, es alentadora, más aún en un contexto de ralentización de la dinámica económica sudamericana.

El informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe añade que la contracción de la demanda externa, provocada principalmente por la desaceleración de la economía china, tendrá repercusiones negativas en el precio de las materias primas como los minerales, fenómeno que se traduciría en una reducción de los ingresos generados por este rubro, afectando en este sentido el crecimiento del PIB. No obstante, en el ámbito interno las turbulencias son menos evidentes. El sector de la construcción sigue en auge, impulsado por la inversión pública y la constante edificación de viviendas en las ciudades capitales. Situación que genera efectos multiplicadores en la industria cementera, ladrillera, material de construcción y transporte.

A su vez, el sistema financiero se mantiene estable y con claros signos de rebosante salud,  habiendo alcanzado cifras récord en depósitos y préstamo, en parte gracias a la nueva Ley de Servicios Financieros, que ha establecido tasas de interés máximas y mínimas que privilegian la otorgación de créditos para actividades productivas y viviendas sociales. El Banco Central de Bolivia mantiene un nivel de Reservas Internacionales Netas (RIN) nunca antes alcanzado. La inflación es menor a un dígito. Se obtuvo superávit en las cuentas fiscales y la inversión pública es seis veces superior a la realizada una década atrás.

El ingreso promedio para los bolivianos se duplicó en un decenio. El comercio y los servicios son los rubros que atraen las inversiones privadas locales y foráneas; más restaurantes, centros comerciales y hoteles se construyen en todo el país. Cadenas de franquicias internacionales incursionan aún tímidamente en los principales centros metropolitanos del país.

Parece que todo va viento en popa y la bonanza económica llegó para quedarse. Sin embargo no todo lo que brilla es oro, y es prudente reflexionar también sobre algunos aspectos inconclusos que merecen la atención de quienes son responsables de las políticas sociales.

El país aún ocupa los últimos lugares en el continente en cuanto a desarrollo humano integral. El empleo, la atención en salud y la educación todavía son de mala calidad.

Según reportes de la misma CEPAL, la soberanía alimentaria es frágil. La economía informal se materializa en forma de contrabando y tráfico de estupefacientes, negocios que además generan inseguridad ciudadana. El crecimiento por sí mismo no es garantía de bienestar y el espejismo del desarrollismo puede ser efímero.

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