Editorial

Machismos

Hay machismos grandes, medianos y pequeños que nos impiden ser una mejor sociedad

La Razón (Edición Impresa)

00:45 / 31 de agosto de 2014

El escándalo que ha golpeado la campaña del candidato de Unidad Demócrata, al publicarse un audio en el que se lo escucha amenazar a la ahora exesposa de su candidato a diputado por La Paz, ha significado no solo una mancha indeleble en la imagen del presidenciable, sobre todo ha vuelto a poner en evidencia la estructuralidad del machismo en la sociedad boliviana.

Machismo reflejado en el hecho de que, para el candidato a la presidencia, el que una mujer demande ante la justicia que su marido abusador se haga cargo de sus delitos son “huevadas”. Machismo porque para el también empresario es hasta aceptable que su colaborador tenga aventuras amorosas mientras su esposa vive en otra ciudad; o que no parezca molestarle una escena de violencia doméstica, mediada por el consumo alcohólico, en su propia casa.

Machismo porque la única explicación que ofrece a su inaceptable conducta es que se trata de una canallada de sus adversarios políticos, y afirma rampante que “la verdad nos hará libres”. El mismo machismo que antes le llevó a sugerir que si una mujer está en un puesto directivo es porque alguien la puso ahí y no por mérito propio. Y machismo indisimulable el del principal acusado de esta historia, que pese a toda la evidencia y los muchos testigos, afirma que “nunca” ha golpeado a una mujer.

No obstante no son los únicos machistas. Solo en la escena política han sido notables los también candidatos que afirmaron, el uno, que hay que educar a las mujeres en el recato para evitar que sigan siendo víctimas de violación, y el otro, que los hombres son lascivos, como queriendo disculparlos por no controlar un instinto casi animal. Y machistas los hombres que hicieron escarnio de ambos, pese a que cuando acaba el tiempo del comentario dedican su energía a “conquistar” mujeres sin importar si en casa les esperan mujer e hijos.

Machista la sociedad que se indigna con estos y otros tantos casos en público, pero en privado alienta a sus hijos a ser “machos” y discriminar a sus pares cuando se muestran demasiado blandos, y a sus hijas a imitar conductas propias de sociedades decimonónicas, hasta que lleguen a la edad en que puedan ser “presentadas en sociedad”.

Machistas las madres que se oponen a que el colegio en el que estudian sus hijos sea mixto, pues se sienten orgullosas de que sus vástagos sean formados en el rigor propio “de los hombres”, y afirman que con ello quieren proteger a las niñas de los posibles abusos de sus compañeros, dando por hecho que es normal que un hombre abuse de una mujer.

En fin, machismos grandes, medianos, pequeños, machismos visibles e invisibles de tan comunes y cotidianos; machismos que nos impiden ser una mejor sociedad, y que son el verdadero obstáculo para que tanta y tan buena norma en favor de las mujeres se convierta en un vehículo para el desarrollo. Machismos que ya no se aguantan. Basta ya.

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