Editorial

Madre Tierra

Es posible pensar en un modelo de desarrollo sostenible que no sea antropocéntrico

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 22 de abril de 2018

Aunque la efeméride se celebra anualmente desde 1970 en Estados Unidos y a partir de 1990 en otros países del mundo, ha sido fruto de la más vital posición boliviana en el seno de la Organización de Naciones Unidas que desde 2009 el mundo recuerde en esta fecha el Día Internacional de la Madre Tierra. La ocasión llama a recordar que sin naturaleza no hay vida.

Por ello es que la ONU recuerda, como todos los años, que la Tierra y sus ecosistemas son nuestro hogar y que “para alcanzar un justo equilibrio entre las necesidades económicas, sociales y ambientales de las generaciones presentes y futuras, es necesario promover la armonía con la naturaleza y el planeta”.

Se trata, pues, de un cambio de paradigma respecto al modo en que los humanos nos relacionamos con el planeta, sede de nuestra vida, el que para muchas culturas en todo el orbe es identificado como Madre y no solo una roca con un ecosistema particularmente propicio para la vida que orbita alrededor del Sol; un cambio que ayuda a comprender que todos los seres vivos son interdependientes.

Es tan importante esta concepción, opuesta al paradigma que pone al ser humano como centro de la creación, causante del desastre ambiental que hoy amenaza al planeta, que en 2012 la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible incluyó un acápite sobre la necesidad de aprender a vivir en “Armonía con la Naturaleza”.

Dicho apartado propone reconocer al planeta Tierra los derechos a la existencia, a la reproducción del ciclo de la vida, a no sufrir modificaciones genéticas de las plantas que en ella crecen, a gozar de agua y aire completamente puros y el derecho, concomitante con el anterior, a librarse de la aplicación de cualquier agente de contaminación. La noción básica señala que es posible pensar en un modelo de desarrollo no antropocéntrico, que sin ser obligatorio para todos los Estados, debe constituirse en una alternativa viable para aquellos que sí decidan adoptarlo.

En ese marco, a instancias de Bolivia, cada año la Asamblea General convoca en homenaje a este día a una reunión de los Estados miembros, la que en su octava versión, mañana, propondrá debatir sobre la necesidad de que “los ciudadanos y las sociedades se concienticen sobre cómo se relacionan y cómo pueden relacionarse con el mundo natural; al mismo tiempo, pretende mejorar los cimientos éticos de la relación entre la humanidad y la Tierra, en términos de desarrollo sostenible”.

Aunque hasta hace poco este enfoque era mirado con escepticismo, es evidente que año tras año hay más países, organizaciones y personas interesadas en encontrar una alternativa a los patrones de consumo no sostenibles. Bolivia puede dar el ejemplo, sobre todo si comienza a practicar con más entusiasmo, vocación y responsabilidad aquello que le ha mostrado al mundo como el modo de salvar al planeta.

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