Editorial

Magisterio

La excelencia debería ser uno de los criterios de ingreso a la profesión del magisterio

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 11 de marzo de 2015

Como si se tratase de una costumbre anual, un grupo de estudiantes protestó en las puertas del Ministerio de Educación porque, pese a haber obtenido notas de aprobación, no podrán entrar a la Normal para formarse como profesores, debido al límite de cupos. Previsiblemente los aspirantes que no pudieron ingresar alegaron discriminación, que es una figura penal en el país.

¿Cuál sería el motivo de esa aparente discriminación? Que los alumnos que obtuvieron una nota mínima de aprobación (51 puntos) no pueden entrar al cupo. Como antecedente, el momento de realizarse la prueba, hubo también otro grupo de estudiantes que se quedaron fuera debido a que no pudieron ni siquiera llegar a tiempo; acto seguido, ellos y algunos de los padres de familia fueron a protestar ante el Ministerio por el atropello de dejar fuera a los retrasados.

El magisterio no es un gremio de particular prestigio en Bolivia; más bien, la mayor parte de las veces hace noticia no por su excepcional desempeño ni por su inmaculada ética profesional, sino por las múltiples resistencias al cambio (cualquier cambio) que las autoridades tratan de implementar en el sistema educativo del país, cuando no atraen la atención de los medios por casos de acoso o violaciones a alumnas.

El problema no es que el Estado tenga solo 3.500 cupos para 33.000 aspirantes a las normales, eso es un asunto presupuestario y se podrá resolver en la medida en que Bolivia genere más ingresos; sino la cultura de la mediocridad en el magisterio; que es la misma cultura que perpetúan quienes aún no son miembros del gremio con sus protestas.

Es en la escuela donde bolivianos y bolivianas construyen su autoimagen. Podría ser una imagen de pueblo rebelde, que le planta cara al poder y que denuncia la discriminación por una nota mínima de aprobación. Empero, esta autoimagen se decanta también en expresiones de autocompasión: de ser un pueblo permanentemente agredido injustamente por otros, de ser una cultura despreciada, etc. Esta autoimagen está presente en los medios de comunicación y también en la escuela.

Es posible cambiar esta forma de ver el mundo. Si así lo desean las autoridades, si existe suficiente voluntad política, las y los bolivianos pueden hacer las cosas con excelencia. No es imposible soñar que el país que está desmontando la colonización desmonte también esa autoimagen de víctima.

Tampoco es un sueño imposible pedir que el país que ha organizado el rally Dakar en dos ocasiones en su territorio se sume, de una vez por todas, a la comunidad de Estados que evalúan periódicamente su nivel educativo en la prueba del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA). Para ello, se requiere mucha voluntad política y, definitivamente, se requiere que, para empezar, el solo ingreso a la profesión del magisterio tenga como principal requisito la excelencia.

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