Editorial

Masacre en la Harrington

Eran tiempos de miedo, de toques de queda, de represión, de violaciones a los DDHH

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:00 / 15 de enero de 2014

El 15 de enero de 1981, ocho jóvenes de izquierda se reunían en una casa paceña. Esa misma tarde de incertidumbre eran asesinados por paramilitares. Era uno de los días del tiempo que se recuerda como “la narcodictadura” de Luis García Meza y Luis Arce Gómez. Eran tiempos de miedo, de ejecuciones sumarias, de represión, de violaciones a los más básicos derechos humanos.

Se había interrumpido un proceso democrático que contaba con un sólido respaldo para desatarse impunemente un terrorismo de Estado que conculcó los derechos más elementales de la ciudadanía.

En ese escenario, bajo ese ambiente de miedo generalizado, el 15 de enero en la tarde, paramilitares ingresaron violentamente a la casa de la calle Harrington en la zona de Sopocachi Alto donde estaban reunidos los ocho líderes, y tomaron presos, torturaron y asesinaron a los integrantes de la Dirección Clandestina del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria. El objetivo de aquella reunión era planificar la huelga general indefinida en respuesta a las medidas tomadas por el gobierno de facto en contra del pueblo de Bolivia. Solo Gloria Ardaya sobrevivió para narrar lo sucedido.

Este capítulo trágico de nuestra historia se grabó en la memoria como “La masacre de la calle Harrington”. Estos ocho militantes asesinados brutalmente bajo la impunidad de los años de dictadura boliviana han dejado una de las semillas fundamentales de la democracia que hoy seguimos construyendo, de esta democracia que sigue siendo imperfecta, de esta democracia que sigue necesitando militantes de la vida y de la justicia social.

Hoy nuestros desafíos como sociedad son distintos pero siguen siendo urgentes. Los fantasmas contra los que estos jóvenes luchaban arriesgando en serio su vida siguen recorriendo ciudades y campos: la pobreza, la desigualdad, la injusticia. El contexto es otro; el anhelo de una sociedad democrática es el mismo.

Después de 33 años de la dolorosa partida de estos mártires por la democracia, La Razón vuelve a nombrarlos: Artemio Camargo Crespo, dirigente minero; Jorge Baldivieso Menacho, responsable de la regional de Chuquisaca; Gonzalo Barrón Rondón, responsable del Frente Estudiantil Universitario y dirigente de la CUB; Arcil Menacho Loayza, responsable de la regional de Pando; Ricardo Navarro Mogro, dirigente del Frente Universitario; José Reyes Carvajal, responsable de la regional de La Paz; Luis Suárez Guzmán, responsable del Frente Docente-Universitario; Ramiro Velasco Arce, directivo del Colegio de Economistas. Los nombramos porque no los olvidamos y porque al nombrarlos hacemos viva nuestra historia y porque al nombrarlos los devolvemos intactos a nuestro presente. Porque nombrándolos tendremos la certeza de que no se han ido.

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