Editorial

Mataderos

La manera en la que acontece este aquelarre es, sin duda, un reflejo de la sociedad

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:28 / 20 de febrero de 2014

La figura del matadero como símbolo de barbarie es de larga data. Por ejemplo, el escritor argentino Esteban Echeverría supo aprovechar ese espacio para elaborar en 1840 un relato estremecedor que aún sigue vigente. Y es que en ese lugar se conjugan dos de los instintos más básicos del hombre: el hambre y la necesidad de echar mano a otras especies para su supervivencia.

La manera en la que acontece este aquelarre es, sin duda, un reflejo del celo que la sociedad manifiesta por la salud de sus miembros, así como también por la consideración que tiene hacia los animales. Por este motivo, varios países impulsan, por ley, la introducción permanente de innovaciones y mejoras en este tipo de establecimientos, justamente para garantizar su salubridad, a tiempo de atenuar el sufrimiento de los animales.

Cabe preguntarse cómo andamos por casa. Pues, lamentablemente, no muy bien. Prueba de ello sería la reciente clausura del Matadero Municipal de Tarija. Las autoridades del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) tomaron esta decisión tras  un operativo sorpresa, en  el que constataron que ninguna de las observaciones que manifestaron en 2013 fueron implementadas. Por ejemplo, según señaló la red Plus Tarija, la carne no estaba refrigerada y los camiones que se utilizan para su traslado no estaban limpios ni desinfectados. Incluso se halló en el recinto un perro que intentaba alcanzar un pedazo de carne colgado de un gancho y un cerdo afanado por hacer desaparecer los restos regados en el piso.

Este establecimiento, según manifestaron autoridades del Senasag, permanecerá cerrado hasta que no se realicen las mejoras necesarias para garantizar que la carne salga en condiciones aptas para el consumo humano. No obstante, habida cuenta de que en la ciudad de Tarija no hay alternativas para el faenado de la carne, para evitar el desabastecimiento de este fundamental alimento es probable que tal determinación no se cumpla a cabalidad.

Como es de suponer, esta negligente situación se reproduce en el resto de los municipios. Cabe recordar por ejemplo que en la ciudad de La Paz el matadero municipal de Achachicala fue suspendido temporalmente en septiembre de 2011 por los mismos motivos: falta de higiene en el faenado, izado de reses, manejo de los residuos y la eliminación de aguas servidas y sangre. Y lo propio ocurrió pocos meses después con el matadero de El Alto.

Ahora bien, cabe añadir que en ninguno de los casos aquí comentados se observó la forma cómo las reses son sacrificadas, sin las condiciones mínimas para mitigar su sufrimiento; poniendo en evidencia, de nueva cuenta, la indiferencia de la población y de las autoridades sanitarias ante la crueldad a la que son sometidos cotidianamente los animales en aquellos lugares de espanto.

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