Editorial

Mensaje divino

Un mensaje divino que anunciaba que había llegado la hora de separarnos y tomar caminos diferentes

La Razón (Edición Impresa) / Miguel A. Leytón C. / La Paz

00:07 / 26 de octubre de 2014

Primero me llorarán, luego me pensarán. Después, me olvidarán”. Recordar este proverbio que utilizó el psicoanalista Jamil Abuchaem me transporta en el tiempo a aquel último grato encuentro que tuvimos hace dos años; esa tarde está grabada en mi mente sencillamente porque aquel día el cielo se tiñó de gris, ese gris que me hacía recordar tus ojos. Era perfecto, no pudiste haber elegido otro momento, como la tan esperada visita nuestra al que ruge en Achumani, para sacar y entregarme un mensaje que estaba oculto en aquel latente cofre rojo que tú cuidabas celosamente, pero una circunstancia inesperada, tu salud, hizo que ambos eventos sean postergados.

Entusiasmados, programamos otra cita, pero el destino, tan incierto, se empeñaría en despedazar nuestros planes. Pudiste vislumbrar en mi mirada que yo también añoraba reencontrarme contigo, pues no podía disimular la ansiedad de saber qué decían aquellas líneas que habían sido grabadas en el papel con una tinta tan roja como el fuego que se encendía en tu ser cuando te enfrentabas a aquellos que pretendían romper valores como la honestidad, sinceridad y lealtad.

Fue una llamada la que nos distanció para siempre, una voz al teléfono que me comunicaba que tú habías levantado las armas en señal de rendición para ya no seguir luchando contra el mal que te atormentaba. Fue así que al no ver otra opción, decidiste partir con rumbo desconocido, sin despedirte, sin causar dolor a los que tanto amabas.

Dos días después de su partida, la certeza de saber que no retornaría jamás hizo que decidiera abrir el cofre misterioso. Pero grande fue mi sorpresa, el papel con el mensaje secreto ya no estaba, había sido intercambiado por otra hoja tan brillante como el resplandor de un ángel, y que tenía impresa cuatro palabras con letras doradas: “Él siempre estará contigo”.

Usted se preguntará, querido lector, cuál era el mensaje que tan celosamente se guardaba en aquel cofre y qué pasó con él. Olvidaba contarle que, según las pericias policiales, el candado que protegía la urna había sido violentado el mismo día en que aquella persona tan importante en mi vida había decidido marcharse y que posiblemente este hecho tenga relación con el intercambio de la nota. Con relación al mensaje, después de una ardua investigación, lamento comunicarle que hasta ahora no se ha podido establecer con certeza su contenido. Empero, por las pistas, pienso que no fue otra cosa que un mensaje divino que fue encomendado a mi amado padre para anunciarme que había llegado la hora de que nos separemos y tomemos caminos diferentes.

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