Editorial

Mirar al Atlántico

El sector exportador del país resalta la importancia de potenciar Puerto Busch.

La Razón (Edición Impresa)

00:56 / 15 de marzo de 2017

Que Bolivia pierde competitividad, y por tanto retrasa su desarrollo, a causa de la condición de mediterraneidad del país, es cosa bien sabida. En pocos días se presentará la réplica en el marco de la demanda contra Chile expuesta en La Haya, pero hasta que ese proceso concluya, los exportadores miran con buenos ojos la hidrovía Paraná-Paraguay como una alternativa.

En efecto, Bolivia tiene cinco concesiones portuarias en Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina que permitirían una mejor gestión de la carga que parte desde el oriente del país y llega hasta el océano Atlántico. Actualmente los agroindustriales de la soya son quienes más emplean esta vía para exportar su producción.

De acuerdo con datos del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), solo en 2016 se transportó por esa vía más de 1,5 millones de toneladas de carga, con un valor de $us 667 millones. Con una buena gestión de la vía y de las facilidades portuarias, el volumen exportado podría llegar a los 5 millones de toneladas.

Dentro de las fronteras bolivianas dos son los puntos de inicio del recorrido: Puerto Quijarro y Puerto Busch. El primero es empleado desde hace mucho tiempo y el segundo debía ser un gran proyecto cuando se inició la explotación del hierro del Mutún; sin embargo, el fracaso del proyecto encomendado a Jindal Steel también implicó la suspensión de las mejoras a ese embarcadero.

Así, el sector exportador recomienda al Gobierno potenciar Puerto Busch, pues es el único puerto en el que Bolivia tiene soberanía sobre aguas internacionales que conectan con el Atlántico. Terminar la carretera hasta ese lejano punto de la geografía boliviana y eventualmente construir también un ramal ferroviario, además de obras de infraestructura en el puerto y dragar el río allí donde su altura dificulta la navegación en temporada seca, cambiaría en gran modo el potencial exportador del país.

Es sabido que figura entre las prioridades del Gobierno la construcción del tren bioceánico para conectar los puertos de Brasil con los de Perú, lo cual significará un salto cualitativo para importadores y exportadores, pero ello no debiera significar renunciar o postergar otras vías de acceso a los océanos y a los mercados del mundo, sobre todo si ya existe, aunque modesta, la capacidad de transportar carga en barcos que surcan la hidrovía. Los empresarios privados también deberían estar en condiciones de hacer las mejoras que estimen necesarias, y algunos parecen interesados en hacerlo. La Armada boliviana, a su vez, puede y quiere dar apoyo en ese cometido.

Hay, pues, interesantes perspectivas para el sector importador y exportador, lo que falta es hacerlas realidad, y eso pasa por tener la necesaria voluntad política de parte de todos los agentes involucrados en el dinámico mundo del comercio exterior.

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