Editorial

Mortal hacinamiento

La normativa para el funcionamiento  de centros de entretenimiento apenas se cumple.

La Razón (Edición Impresa)

00:54 / 14 de marzo de 2017

La madrugada del domingo, una avalancha humana durante el concierto del ídolo del rock argentino Carlos Indio Solari causó dos muertos y al menos 12 heridos (tres de ellos de gravedad), cuando más de 350.000 espectadores abarrotaron el recinto al aire libre en la pequeña localidad de Olavarría, situada a 350 km de Buenos Aires, cuya capacidad máxima era de 200.000 personas.Al poco tiempo de iniciado el espectáculo el propio Solari detuvo el concierto durante 10 minutos, luego de percibir problemas entre la multitud, cerca del escenario. Según relataron las agencias de noticias, ante la magnitud de la aglomeración el músico pidió la presencia de miembros de la Defensa Civil para atender a las personas afectadas por la avalancha humana. Sin embargo, los 900 policías dispuestos por la comuna y los 1.300 guardias privados contratados para el evento no lograron controlar la situación.

Huelga recordar que no es la primera vez que ocurren tragedias de esta naturaleza en  Argentina, debido a la ausencia de condiciones adecuadas y medidas de seguridad para espectáculos masivos. Por caso, en diciembre de 2004, 193 personas murieron por un incendio provocado en la discoteca República Cromañón, de Buenos Aires, cuyas salidas de emergencia estaban bloqueadas. De igual manera en Brasil se vivió una catástrofe similar el 27 de enero de 2013, fecha en la que 242 personas, en su mayoría estudiantes, fallecieron en un incendio que arrasó la discoteca Kiss, en Santa María, luego de que un miembro de la banda Gurizada Fandangueira encendiera un artefacto pirotécnico. Incluso en una ciudad más organizada y con mayores controles respecto a los estándares latinoamericanos como Shanghái (China), 36 personas perdieron la vida en una avalancha humana que se desató en una fiesta de Año Nuevo.

Afortunadamente en Bolivia nunca ha ocurrido una tragedia similar. Sin embargo, ello no significa que estemos libres de este tipo de accidentes, más aún tomando en cuenta que la normativa para el funcionamiento y apertura de centros de entretenimiento en el país no solo es laxa, sino que apenas se cumple. Por ejemplo, un reportaje publicado por este diario tiempo atrás da cuenta de que en El Alto la mayoría de las discotecas carecen de salidas de emergencia; y mejor ni hablar de otras medidas de seguridad como revestimientos elaborados con materiales que no sean tóxicos ni inflamables, sistemas de detección de humo, extinguidores o planes de contingencia y personal entrenado para afrontar posibles incendios. Y lo propio ocurre, en mayor o menor medida, en el resto de las urbes del país. De allí que las tragedias antes mencionadas deberían ser leídas como severas llamadas de atención por estos lados respecto a la importancia de asegurarse que las normas y las medidas de seguridad se cumplan en los establecimientos de entretenimiento masivo.

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