Editorial

Ñatitas y tráfico de restos

La Razón (Edición Impresa)

01:49 / 09 de noviembre de 2016

No cabe duda de que por estos lados la relación que se tiene con la muerte, lejos de ser traumática, es festiva e irreverente. Claro ejemplo de ello es la fiesta que cada año se organiza el 8 de noviembre en homenaje a las ñatitas (narices chatas), cráneos humanos que son agasajados por sus dueños con alcohol, tabaco y costosos ornamentos en agradecimiento por los favores concedidos.

Pese a que los protagonistas de esta tradición buscan alejar el hálito de horror que siempre acompaña a una calavera a través de la bendición de un cura o una misa, no son pocos los que se siguen escandalizando ante esta costumbre, que se vale de intermediarios de ultratumba para entablar una relación con el más allá.

Ahora bien, independientemente del sentido cultural y las connotaciones espirituales de este festejo, existen aspectos legales que no se discuten y que debieran llamar la atención de las autoridades. En concreto, la tenencia de uno o varios cráneos humanos no está permitida, pues la ley establece que los restos de los familiares muertos deben ser enterrados o incinerados, sin excepción. Ello con el propósito de evitar que los homicidios y asesinatos queden en la impunidad. De allí que la única manera de conseguir calacas humanas sea a través del tráfico de restos humanos y/o la profanación de tumbas.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia