Editorial

Naturaleza y sociedad

Son pocos los citadinos dispuestos a comprometerse con la preservación de la naturaleza.

La Razón (Edición Impresa)

01:19 / 07 de junio de 2017

Pocos días antes del Día Mundial del Medioambiente, que se celebró el lunes, el mundo se desayunó una muy mala noticia por intermedio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien anunció que su país, históricamente el mayor emisor de gases contaminantes del planeta, iba a abandonar la lucha contra el calentamiento global, suscrita en el Acuerdo de París.

Tal determinación, criticada por la comunidad internacional, puso en relieve la importancia del eslogan y el tema adoptados este año por la ONU para el 5 de junio: “Conectar a las personas con la naturaleza”. Esto debido a que en el imaginario de demasiados citadinos impera la percepción de la naturaleza simplemente como algo decorativo, como un espacio reservado únicamente para la recreación de los ciudadanos durante las vacaciones.

Una percepción no solo errónea, sino también muy peligrosa, en tanto olvida los servicios ecológicos que proporcionan los ecosistemas naturales, y que resultan fundamentales para garantizar la salud de las sociedades y del planeta en general. Por ejemplo, se sabe que los ríos, selvas, desiertos, humedales, océanos y demás son esenciales para la provisión de agua, energía eléctrica y de muchos otros elementos como medicinas, materiales de construcción, fibras, etc., que permiten el funcionamiento y la edificación de cualquier sociedad. Por citar solo un caso, los depósitos subterráneos que proveen agua a las ciudades de Cochabamba y Santa Cruz dependen de la buena salud del parque Amboró.

Los ecosistemas son asimismo fundamentales para la producción agrícola, pues de ellos depende la dilución de contaminantes, el mantenimiento de la composición de los suelos y de la atmósfera, y son el hogar de los insectos polinizadores.

Además, contribuyen a la regulación del clima y evitan desastres naturales. Verbigracia, los bosques permiten que el ambiente se mantenga fresco y húmedo, reducen la erosión, encauzan naturalmente los ríos y almacenan grandes cantidades de agua, evitando inundaciones y desbordes en época de lluvia y sequías durante los periodos secos. Adicionalmente, parques naturales como el Madidi son, gracias al turismo y a la producción de frutos forestales como la castaña, una de las principales fuentes de ingreso para comunidades indígenas y otros habitantes.

Por todo ello y mucho más, este año la ONU ha decidido poner énfasis en que el estilo de vida moderna de las ciudades, con rascacielos, vehículos, teléfonos inteligentes, comida rápida, etc., se construye “sobre los fundamentos de complejos sistemas naturales”. Y sin ellos, se derrumbaría. De allí la importancia de acercarse a la naturaleza, a fin de valorarla, ya que sin este paso previo los citadinos difícilmente estarán dispuestos a comprometerse con su preservación, tal y como ocurre con Trump y con muchos otros tomadores de decisiones cuya angurria les impide ver más allá del dinero.

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