Editorial

Navidad

Difícilmente un personaje ficticio hubiese podido lograr un efecto histórico tan contundente

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 25 de diciembre de 2014

Ayer muchos celebraron en familia el nacimiento de Jesús, un hecho trascendental que significó un antes y un después no solo en los calendarios del planeta, sino también en la forma de concebir la vida y la muerte en la mayoría de las naciones, dando lugar al surgimiento de una nueva religión, el cristianismo, que es profesada por la inmensa mayoría de los bolivianos.

Según la tradición, hace más de 2.000 años el Hijo Dios se hizo hombre a fin de entregar su vida por amor al mundo, pagando con su sangre, llagas y humillaciones las culpas de las personas, “para que todo el que crea en Él no perezca, sino tenga vida eterna” (Jn. 3:16). Además de abrir una posibilidad para vencer a la muerte, las escrituras explican que Cristo también vino a la tierra “para anunciar la buena nueva, proclamar la liberación de los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos…” (Lc. 4:16).

Para algunos, esta historia no es más que un relato ficticio, parte de la literatura fantástica. Para otros, representa una argucia para someter y explotar a la plebe, a fin de que acepte sacrificios y privaciones en esta vida a cambio de una recompensa futura en el paraíso. Empero, para muchos más se trata de un hecho real, pues difícilmente un personaje ficticio, por muy elocuente que fuese, podría lograr un efecto histórico tan contundente, dividiendo los calendarios en un antes y un después.

El testimonio y particularmente la muerte (hasta nuestros días) de los seguidores de esta nueva doctrina sería otra prueba de la veracidad de este relato. En efecto, solamente un lunático ofrendaría su vida por una corriente fraudulenta y/o por un ser inexistente. Al respecto, cabe recordar el caso de Maryam Yahya Ibrahim, una mujer cristiana de 27 años, doctora de profesión, que fue sentenciada a morir en la horca por apostasía y adulterio en Sudán a mediados de mayo. En el proceso el juez le dio la posibilidad de exonerarla si decidía abrazar la religión musulmana. No obstante, pese a tener un hijo de dos años y estar embarazada de ocho meses, se negó a rechazar su fe en Jesús. Finalmente, gracias a la presión internacional, esta mujer fue liberada.

De ser falsa, difícilmente esta “locura” hubiese podido adquirir tantos adeptos como Yahya a lo largo de la historia, máxime tomando en cuenta que los gestos que demanda son muy poco apetecibles desde una visión hedonista: compartir con los pobres, supeditar los deseos materiales a los espirituales, bendecir y orar por los enemigos, dar la otra mejilla, etc..

En efecto, los evangelios demandan de las personas que sigan el ejemplo de Jesús, quien vivió y puso en práctica los dos mandamientos que mejor resumen su doctrina: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas; y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 

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