Editorial

Necesidad y protesta

La llegada de la marcha de personas con discapacidad estuvo cargada de violencia.Esta semana llegó a La Paz la marcha de personas con discapacidad, 100 días después de su inicio y tras numerosas reuniones entre las dirigencias del sector y autoridades de gobierno. El evento estuvo cargado de tensión y violencia, que en los hechos ponen en cuestión la legitimidad de las demandas de esta población y debilitan su posición ante la opinión pública.

La Razón

02:19 / 26 de febrero de 2012

En efecto, es difícil negar la evidencia que muestra a las personas con discapacidad como uno de los grupos no sólo más vulnerables de la sociedad por su desventaja física o mental, sino también entre los más discriminados y marginados, lo que justifica su demanda de una ley de trato preferente, que reemplace al Decreto Supremo que existe sobre la materia y amplíe sus alcances; así como un bono, cuyo monto y beneficiarios siguen siendo motivo de controversia pese a que el Gobierno ya inició su pago para aquellos casos de discapacidad grave y muy grave.

Sin embargo, la señalada actitud violenta y, sobre todo, un manejo espurio del conflicto por parte de algunos dirigentes de los diferentes grupos de personas con discapacidad ponen en cuestión las verdaderas motivaciones detrás del enorme sacrificio que ha significado el viaje desde Trinidad hasta La Paz. Particularmente llamativo fue el hecho que en las diferentes negociaciones entre dirigentes y autoridades gubernamentales se firmaron acuerdos que eran luego rechazados por otros sectores de esta población. Hay, además, evidencia de la relación entre la movilización del sector e intereses políticos de grupos de oposición, desde el solo hecho que uno de los dirigentes nacionales es diputado por Convergencia Nacional.

Asimismo, a su llegada a la sede de gobierno, el grupo de marchistas ejecutó una suerte de profecía autocumplida: a sabiendas que no se les permitiría ingresar a la plaza Murillo, intentó hacerlo, provocando un enfrentamiento con la Policía; inevitablemente, y pese a que las imágenes televisivas y fotográficas mostraron que la agresividad provino de los marchistas, entre los cuales se evidenció personas sin discapacidad alguna actuando con violencia, fueron los agentes del orden quienes quedaron como agresores y represores. Al respecto, debe reconocerse que es discutible la prohibición de ingresar a la plaza, incluso si es en nombre de la seguridad del Palacio de Gobierno, que para eso tiene un equipo de seguridad militar propio.

Por último, prácticamente desde el inicio de la movilización, representantes de la Asamblea Legislativa Plurinacional anunciaron que se aprobaría la ley de trato preferente para esta población, pero solamente ante la proximidad de la llegada de los marchistas se activó efectivamente el procedimiento legislativo, retraso que sirvió de justificación para el avance de la marcha que, tal vez, pudo haber sido detenida antes.

Tarifas irrisorias

Una oferta para redactores digitales publicada en un portal español de empleo ha causado revuelo entre algunos periodistas, a tiempo de recordar aquel adagio que reza que en tiempos de crisis se hacen las grandes fortunas. La empresa contratante ofrecía pagar “0,75 euros por artículo, debiendo contener un mínimo de 800 caracteres y estarán sujetos a términos de calidad basados en la ortografía, semántica y expresión”. Pedía, además, que los candidatos detallen “su experiencia como generadores de contenidos y sus conocimientos en posicionamiento web”.

Azahara Cano, una periodista de 27 años, fue escogida para ocupar una de las diez vacantes. Pero, lejos de celebrarlo, quiso compartir su indignación por los términos del acuerdo. “Sé que muchos de los que estamos iniciándonos en el oficio necesitamos de plataformas donde se visualicen nuestros artículos, pero es preferible darse a conocer utilizando un blog personal que trabajar para una empresa que engorda sus bolsillos ofreciendo miserias”, escribió en Twitter. Como bien advierte Cano, una carrera cuesta dinero, tiempo y esfuerzo; y como en tiempos de crisis siempre habrá quien busque aprovecharse de la desventura ajena, corre a cuenta de los redactores unirse para, en este caso, evitar que se degrade la profesión de periodista.

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