Editorial

Negocios con China

‘Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes’ (Confucio)

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:05 / 10 de enero de 2015

En el marco del primer foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos (Celac) y China, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Alicia Bárcena, hizo público un documento de análisis que pretende ser una brújula que indique el mejor camino para  el comercio e inversión entre los países de la región y el gigante asiático.

A medida que la nación de Mao se posiciona como la principal economía del planeta, se genera una oportunidad sin precedentes para que países como el nuestro incursionen en tan vasto mercado y obtengan beneficios en diversificación productiva, innovación tecnológica y diversificación de exportaciones con ganancias adicionales asociadas a la competitividad y capacitación de recursos humanos.

Más allá del conjunto de cifras, datos y estadísticas, que por sí mismos expresan la conveniencia de entablar relaciones comerciales con China, queda pendiente explorar cuál sería la mejor manera de entablar relaciones de confianza que se traduzcan en negocios, comercio e inversión productiva en el largo plazo. La pregunta es: ¿cómo hacer negocios con los chinos? Este punto es algo que el documento de la CEPAL no describe o siquiera menciona.

Si bien el lenguaje común de los negocios es el dinero, existen otros elementos que trascienden a los intereses puramente económicos, que muchas veces suelen transformar una ganancia inmediata en algo de valor de largo plazo. El arte de generar una relación comercial estable y continua en el tiempo implica necesariamente conocer el pensamiento de la otra parte, algo que los chinos vienen aplicando con todos sus potenciales aliados comerciales e industriales hace tiempo.

En ese sentido, existe una serie de tareas estratégicas inmediatas a cumplir para que la opción de penetrar al mercado chino no se desvanezca como juego pirotécnico en una noche de fiesta. Lo primero y fundamental es conocer la cultura que se encuentra inherente al pensamiento comercial y económico de los chinos. Luego, desentrañar el lenguaje de los negocios a través del idioma; y finalmente, buscar los elementos en común entre culturas. El pretender iniciar negocios con China no es simplemente despachar tres contenedores de algún producto y esperar que existan pedidos en el futuro, o abarrotar nuestro mercado local con todos los bienes imaginables de procedencia china (incluidos los trajes de la morenada), depende más bien de la habilidad de lograr pensar como los chinos.

Se asoman tiempos de turbulencia económica, moros y cristianos lo saben. Por tanto, y como diría el célebre filósofo chino Confucio, “si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estás peor que antes”. Manos a la obra y a hacer negocios con China. .

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