Editorial

Ni una menos

Miles de mujeres  han decidido tomar las calles para exigir su derecho a vivir en paz y sin miedo.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:40 / 25 de noviembre de 2016

Hoy, Día de la Eliminación de la Violencia Hacia la Mujer —fecha adoptada en honor a las hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), quienes fueron asesinadas por esbirros del dictador dominicano Rafael Trujillo en 1960—, millones de mujeres saldrán a las calles para exigir sus derechos y en protesta por la creciente violencia de corte machista en todo el planeta.

Lamentablemente este fenómeno mundial no es desconocido por estos lados. Al contrario, Bolivia figura entre los países con mayores índices de delitos cometidos por razones de género. Por ejemplo, de acuerdo con los últimos reportes de la Defensoría del Pueblo publicados en 2015, en el país se registran en promedio 14.000 violaciones a mujeres, niñas, niños y adolescentes. Por otro lado, en lo que va del año la Fiscalía ha registrado al menos 94 feminicidios, cifra que supera al número de casos (93) reportados en 2015.

Estos datos de espanto, cuyo número podría ser mayor tomando en cuenta que la mayoría de los ultrajes no se denuncian y no todos los feminicidios salen a la luz, son apenas una pequeña muestra de lo arraigada que la violencia de género se encuentra en nuestra sociedad, como consecuencia de una serie de factores culturales fácilmente identificables. Por caso, no solo existe una excesiva tolerancia hacia la violencia en general, sino que incluso este comportamiento es percibido como un rasgo de hombría en muchas familias y colegios, así como en instituciones de corte machista como las FFAA o la Policía.

De allí que no sean pocos los varones que se colocan a sí mismos en una posición de superioridad frente a las mujeres y a todos aquellos que se les “asemejan”, como los niños o los homosexuales. Y esta visión distorsionada de la realidad contribuye a internalizar y a reproducir los diferentes tipos de violencia (física, psicológica, sexual, social, económica, laboral, etc.), tanto entre hombres como en mujeres. Por ello, no sorprende que cuando ocurre algún hecho de esta naturaleza los agresores minimizan lo sucedido con excusas que se reproducen como recetas de cocina: es algo que siempre ocurre entre las parejas, la discusión fue subiendo de tono y reaccioné sin pensar, estaba borracho, no volverá a suceder... además de trasladar la responsabilidad a la víctima: me sacó de mis casillas, fue una cuestión de celos...

Y para colmo de males, las instituciones llamadas a hacer prevalecer la ley y evitar este tipo de crímenes muchas veces se muestran indolentes, ora por las deficiencias estructurales de las que adolecen (como la corrupción), ora por los prejuicios machistas bastante arraigados entre los operadores de justicia y entre los miembros de las fuerzas del orden. Y ante esta realidad, miles de mujeres en el país, y millones en el mundo, han decidido tomar las calles para exigir su derecho a vivir en paz y sin miedo, adoptando como bandera el lema “Ni una menos”.

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