Editorial

Niñas de cuidado

Las niñas que aprenden, como Malala, son una amenaza para el orden patriarcal

La Razón / Editorial

00:00 / 15 de octubre de 2012

En muchas regiones del mundo las niñas son el sector más vulnerable de la sociedad, pues además de vivir en la pobreza, sus derechos no son respetados, sufren discriminación de género y están sometidas a numerosas formas de violencia, abuso y explotación. Para combatir esta desigualdad, el 11 de octubre se celebró por primera vez el Día Internacional de la Niña.

Casualmente, un día antes de esa fecha promovida por las Naciones Unidas, Malala Yousafzai, una niña de 14 años, recibió un disparo en la cabeza mientras abordaba un bus, a la salida de su escuela, para dirigirse a su hogar. El hecho ocurrió en Mingora, al noreste de Paquistán. Otras dos menores que la acompañaban también sufrieron heridas de gravedad. Al día siguiente, los médicos lograron extraerle la bala alojada en el cuello, y actualmente se encuentra estable.

El pecado de Malala fue sencillamente estudiar y defender el derecho de otras niñas paquistaníes también a recibir una educación en su comarca. Sabía que su vida estaba en riesgo, pues ella y su familia habían recibido varias amenazas, en las que los talibanes les advertían que si no dejaba de hacer lo que estaba haciendo, “el resultado sería muy malo”.

¿Y qué es lo que estaba haciendo? Estaba escribiendo, desde 2009, un diario firmado con el seudónimo de Gul MAPAI en el blog de la BBC, donde relataba cómo su vida y la de sus vecinos había cambiado con el dominio progresivo de los talibanes, quienes tomaron el control de su comarca desde 2007, con la intención de instaurar la sharía, ley que entre sus principios profesa recluir a las mujeres entre las paredes del hogar y sacar a las niñas de las escuelas.

Por ejemplo, en cierta ocasión, Malala anotó en su diario que “iban al colegio con ropa de calle para que el uniforme no delatara que eran estudiantes”; y que tenían que esconder sus libros bajo el chal. Cuando finalmente llegó el día en que los talibanes cerraron su escuela, la niña escribió: “Como hoy ha sido nuestro último día de clase, hemos decidido jugar un poco más en el patio. En mi opinión, la escuela volverá a abrir un día, pero cuando me iba he mirado al edificio como si no fuera a regresar nunca”.

Evidentemente, el cobarde atentado contra Malala y sus amigas es un ataque contra la igualdad de género; pero también refleja de una manera diamantina el temor de los talibanes, que se sienten amenazados por una valiente muchacha que reconoce la importancia de educarse.

Y es que las mujeres que aprenden son peligrosas, pues en ciertas regiones su destino natural aún es estar al servicio de los hombres. Sin embargo, cuando buscan aprender, comienzan a pensar por sí mismas, luego desean opinar y más temprano que tarde desearán decidir y tener pleno dominio de sus vidas. Libertad que naturalmente amenaza el orden patriarcal.

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