Editorial

Niñas desprotegidas

Cuesta creer que haya madres y padres dispuestos a lucrar con el cuerpo de sus hijas

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

03:59 / 14 de octubre de 2015

Cuesta creer que haya madres y padres dispuestos a lucrar con el cuerpo de sus hijas pequeñas, causándoles mucho daño en el presente y embargando su futuro a cambio de un puñado de billetes. Una triste realidad que se vive no solamente en países sumidos en la extrema pobreza como Bangladesh o Filipinas, sino también por estos lares.

Clara prueba de ello es la reciente investigación que se ha abierto en Santa Cruz de la Sierra por los supuestos abusos sexuales contra al menos ocho niñas de entre 9 y 12 años cometidos con el beneplácito de sus progenitores y de una abuela, quienes, según han denunciado la Defensoría del Pueblo y el Ministerio Público, habrían recibido entre Bs 200 y 300 a cambio de los “servicios” prestados.

Estos hechos salieron a la luz gracias a una denuncia presentada el pasado fin de semana en la que se alertaba que dos niñas, una de nueve y otra de diez años, habrían sido abusadas sexualmente con el consentimiento de sus respectivas madres. A partir de esta información, la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía lograron identificar y entrevistar a las pequeñas, quienes relataron que no se trataba de un único abuso, sino de varios, perpetrados en reiteradas oportunidades por un varón que las recogía de sus hogares y las llevaba a un inmueble alejado donde las desvestía, tocaba y besaba en la boca y en el resto del cuerpo. Después, las dejaba en sus hogares y les entregaba dinero a sus respectivas madres. Además, gracias a los testimonios se pudo colegir que al menos otras seis niñas también habrían sido abusadas con el consentimiento de sus familiares, y no solamente por un varón, sino por varios. Hasta ahora cinco personas han sido detenidas por estos hechos y otras tantas están siendo buscadas.

Afortunadamente las autoridades constataron que las niñas no habrían sido violadas. Sin embargo, de continuar en pie esta red criminal, previsiblemente las relaciones sexuales forzosas iban a ser el siguiente paso. Y como ya antes se mencionó en este mismo espacio, la violencia sexual no solo deja cicatrices físicas, sino también espirituales, que se traducen en problemas psicológicos y de salud. Además, cuando las víctimas se dan cuenta de que las personas que se supone deberían darles protección y cariño consienten o protagonizan esta clase de abuso, su mundo se desmorona, crece en ellos raíces de rechazo, vergüenza, condenación y baja autoestima. Entonces el miedo se apodera de su vida, miedo a sus progenitores, miedo a quedar expuestos, miedo a tener amigos, miedo a cometer errores, miedo a todo.

Y ante esta terrible situación necesariamente debemos preguntarnos qué acciones se están tomando desde el Estado y desde la sociedad civil para prevenir que horrores de esta naturaleza se repitan. 

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