Editorial

Noche de Museos

Dejemos hoy que las imágenes, melodías y palabras ejerzan como bálsamo para las heridas

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:51 / 16 de mayo de 2015

Al menos por hoy no será un evento político, sino cultural, el que marque el ritmo de los atribulados habitantes de la sede de gobierno, quienes podrán participar, desde las 15.00 hasta las 24.00, de una nueva Noche de Museos. Para tal efecto, más de 75 galerías y espacios culturales abrirán sus puertas; entretanto, los lugares públicos quedarán a merced de los artistas.

Además de similares conciertos, presentaciones escénicas, muestras artísticas y recorridos que se organizaron el año pasado, para esta novena versión se espera la incorporación del Museo Ferroviario, ubicado en la ex Estación Central, así como la colaboración de las líneas de Mi Teleférico, en coordinación con los buses PumaKatari, con el fin de facilitar el traslado de los ciudadanos.

Imaginemos lo que se nos viene... Las calles y los espacios públicos, lejos de los muros, con el viento en contra (pero también a favor), serán el escenario de presentaciones y exhibiciones callejeras, fraguadas por artesanos y creadores, y actores, dramaturgos y cuentacuentos... Cuadros, melodías, esculturas, artesanías, relatos, sueños, temores, historia, voces, arte… al alcance de los ojos (cientos de miles), de los oídos, manos y narices...

Las casas-adobe con bardas de piedras cobijarán a los artistas y a los espectadores de la ciudad-ladrillo cercada de cerros. Las nubes, la luna, el Illimani, más cerca. Las personas escucharán historias, ¿sus historias? Sentadas, dejarán caer sus cabezas, recibiendo el arte. Fascinados por las palabras —su ritmo, su paz, su bálsamo—, los paceños aplauden. El arte termina y comienza.

Sin colores distintivos, sin discursos rimbombantes, sin falsas promesas, artistas y pasantes intercambiarán sonrisas y miradas. Los techos de teja y calamina cubrirán un evento no político: la Noche de Museos. Todos, enamorados, vecinos, niños, estudiantes, podrán mirar a su ciudad en objetos, en pedazos guardados bajo techos ancestrales de paja y calamina. Al poco tiempo, como muy pocas veces en el año, unos y otros podrán reconocerse, al compartir alegrías y emociones.

¿Quiénes son los que traen sillas, mesas? ¿Quiénes son aquellos que traen micrófonos y parlantes? ¿Quiénes son los que miran la ciudad? Dicen que son artistas, que van a leer y cantar. Dicen que es un festival, que el arte es el último intento de curar la ciudad… Dicen que los versos y los buenos augurios tienen la cualidad de convocar amores y sueños, así como también de apaciguar las luchas internas y las preocupaciones externas. ¿Si todo eso dicen, por qué, entonces, no darle un chance al arte? Dejemos, pues, que este día las imágenes, las melodías y las palabras (que hacen reparaciones en el alma difíciles de comprender) ejerzan como bálsamo para las heridas citadinas, guardadas en el cuerpo y en la memoria.

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