Editorial

Noche de museos

Dicen que es un festival, dicen que el arte es el último intento de curar la ciudad

La Razón / La Paz

01:53 / 19 de mayo de 2012

Hoy, desde las tres de la tarde, museos (25), galerías (34) e instituciones culturales (33) abrirán sus puertas. Las casas-adobe con bardas de piedras cobijarán a los artistas y espectadores de la ciudad-ladrillo cercada de cerros. Las nubes, la luna, el Illimani; más cerca, los techos de teja y calamina cubrirán un evento no político: la Larga Noche de Museos.

Imaginemos lo que se nos viene en esta novena versión. Cuadros, melodías, esculturas, artesanías, relatos, sueños, temores, Historia, Arte… al alcance de 150 mil miradas. En las calles, lejos de los muros, con el viento en contra (pero también a favor), el número seis se repite en presentaciones y exhibiciones callejeras, fraguadas por artesanos y creadores y actores y dramaturgos y cuentacuentos...

Sin colores distintivos, sin discursos famosos, los artistas sonríen a los pasantes. Paseando, las personas observan a las personas, no las conocen, se alegran. Todos (enamorados, vecinos, niños, estudiantes) miran su ciudad en objetos, en pedazos guardados bajo el techo de teja-calamina. Después, todos se miran y se reconocen. ¿Quiénes son los que traen sillas, mesas? ¿Quiénes son aquellos que traen micrófonos y parlantes? ¿Quiénes son los que miran la ciudad? Dicen que son artistas, que van a leer y cantar. Dicen que es un festival, que el arte es el último intento de curar la ciudad… Los pasantes se miran: los unos entienden esa herida; los otros divisan esa herida.

Avanzada la noche de este sábado 19, en calles-callejones de permanencias surge la luna con todo su esplendor. En la multitud todo se mueve y se recuerda. La historia vuela como un pájaro. El verso principiante se escucha. La ciudad se despeja. Y nos percatamos de los cerros nublados, el humo bailante del cigarrillo, mientras ocupamos las sillas y obedecemos al micrófono convocador, presentador... El pasante descansa en la piedra. La ciudad descansa en el arte: es la noche de los museos. 

Las personas escuchan historias, ¿sus historias? Sentadas, dejan caer sus cabezas, reciben el arte. Fascinadas por las palabras —su ritmo, su paz, su bálsamo—, las personas aplauden. El arte termina y comienza. Dicen que su verso convoca los buenos amores, las épocas de lucha, los sueños de otros tiempos.

Finalizada la noche del 19: el viento; las nubes transitando; los techos oscurecidos; las calles encendidas, el micro circulando, los perros jugando, los niños bostezando; la luna toda redonda, toda blanca; la televisión apagada; las pantuflas aisladas; las nubes dormitando. Desvanecida la noche del 19, hay que conciliar el sueño aunque, cuando se cierran los ojos, comienza la algarabía de las palabras y melodías guardadas en la memoria que hacen reparaciones en el alma difíciles de comprender.

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