Editorial

¡Oh linda La Paz!

No por casualidad confluye en la hermosa ciudad de La Paz la bolivianidad toda

La Razón / La Paz

00:04 / 16 de julio de 2013

Hoy la ciudad de La Paz festeja un nuevo aniversario, en honor de aquel histórico levantamiento del 16 de julio de 1809, protagonizado por valientes ciudadanos que dieron pie a la primera proclama de independencia en esta parte del continente americano. Proclama que logró plasmar el espíritu de valentía, liderazgo e integración que caracteriza a esta hermosa urbe.

En efecto, si bien tuvieron que pasar 15 años para que la libertad recién se consolide, en enero de 1825 (cuando el guerrillero don José Miguel Lanza tomó La Paz luego de que el ejército realista del general Olañeta la desocupó), la revolución de julio propició un cabildo que bien podría ser considerado como el primer parlamento latinoamericano.

Dicha asamblea, que adoptó el nombre de Junta Tuitiva, culminó con la redacción del Acta de la Independencia, en la que los revolucionarios “declaran y juran defender con su sangre y fortuna la independencia de la Patria”. 

Este histórico documento, fundamentado por un plan de gobierno de diez puntos denominado Estatuto Constitucional, en su parte final —no por casualidad, sino por vocación— reza: “Valerósos habitantes de La Paz y de todo el Imperio del Perú, revelad vuestros proyectos para la ejecución, aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no miréis con desdén la felicidad dé nuestro suelo, ni perdáis jamás de vista lá unión que debe reinar entre todos, para ser en adelante tan felices como desgraciados hasta el presente” (sic).

Y es que como bien manifiesta la proclama, La Paz nació para ser una ciudad líder no sólo dentro del territorio nacional, sino también más allá de nuestras fronteras; así como también para constituirse en una referencia política, social y económica global, bajo una visón inclusiva de hermandad entre pueblos y culturas.

No por casualidad confluye en esta hermosa ciudad la bolivianidad toda, edificada por hombres y mujeres cuyas generaciones pasadas se remontan hace siglos, pero también por aquellos que llegaron a la sede de gobierno con un cúmulo de ilusiones, para quedarse en ella y hacerla grande, siempre protegidos por el paraguas de la diversidad de oportunidades y la nobleza de esta tierra.

¡Cuán generosa ha sido La Paz en estos 204 años!, que ha recibido, con los brazos abiertos, no sólo a cientos de miles de bolivianos nacidos en otras regiones, sino también a extranjeros. Una ciudad que día a día crece, bajo el amparo del Illimani, gracias a la herencia de su historia, cuyos frutos recolectamos con orgullo y responsabilidad; gracias a las bondades de su entorno, mágico y abundante; y al esfuerzo de miles de personas que, sin distinción de clases ni de color de piel, trabaja desde temprano hasta la noche, para sacar adelante a su familia y, por ende, a todo el país y a la sociedad boliviana.

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