Editorial

Alza de tarifas

La ciudadanía merece un servicio de transporte público eficiente, digno y seguro.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 27 de febrero de 2016

Después de que la ciudadanía paceña sufriese por largo tiempo cobros irregulares en los pasajes de parte del transporte público urbano, además de perjudiciales y arbitrarios bloqueos, la Alcaldía y los choferes sindicalizados llegaron a un acuerdo en el que se acepta incrementar las tarifas a cambio de mejoras en el servicio público de locomoción y se elimina el infame “trameaje”.  

Sin embargo, transcurridos algunos días desde que entró en vigencia este convenio, los cambios en la mejora del servicio no se perciben y prácticas como el “trameaje” siguen siendo cotidianas. De tal manera que los ciudadanos aún se movilizan de un punto a otro de la ciudad en vehículos inseguros y obsoletos, que seguramente, por los años de servicio y escaso mantenimiento técnico, fueron muchas veces pagados en su costo de adquisición.

Haciendo una suerte de cronología de los hechos, el origen para aumentar el precio de los pasajes fue un estudio de costos del autotransporte encargado por la municipalidad en abril de 2015, y que fue concluido en diciembre del mismo año. No obstante, esta investigación no fue presentada a la ciudadanía hasta la fecha, y sus conclusiones y recomendaciones constituyen una incógnita. Situación que naturalmente impulsa a preguntarse por qué el mencionado estudio es manejado como si se tratase de un secreto de Estado.   

Por ahora, la poca eficacia de los controles municipales va llevando paulatinamente a una peor situación, con tarifas mayores por un servicio incompleto, amén de la persistencia del nefasto “trameaje”, lo que en definitiva es una muestra de la debilidad institucional del municipio ante un gremio que abusa de los ciudadanos y ciudadanas, quienes necesitan con urgencia medios de transporte eficientes, dignos y seguros, y no un incremento en las tarifas sin ningún beneficio tangible a cambio.

Ante este panorama de clara desventaja para el ciudadano de a pie, quien no encuentra en las instituciones estatales la garantía que necesita para que sus derechos se respeten, no le queda otra que soportar estoicamente los atropellos que los transportistas cometen cotidianamente, y mascullar la rabia que significa subir a un micro o a un minibús con asientos rotos, descuidado, sucio, con frenos fallados, llantas viejas, atiborrados, y un sinnúmero de deficiencias que hacen del emplear este servicio un martirio del diario vivir.

Queda, por tanto, pedir al Gobierno Municipal que haga los esfuerzos necesarios para que la ciudadanía paceña cuente con un servicio de transporte de calidad, con vehículos adecuados, conductores educados, vías expeditas, señalizadas y en buen estado, semáforos sincronizados, ordenamiento vial, nuevas rutas de circulación y demás obras que —ojo— fueron promesa, y como bien reza el adagio, toda promesa es ley.  

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