Editorial

Consternación pública

Todo indica que no se trata de un delito aislado, sino de un crimen de mayor envergadura.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 10 de abril de 2016

El secuestro de una adolescente de 16 años a plena luz del día en una calle de La Paz, quien luego fue trasladada a un cuarto en el que fue violada en reiteradas oportunidades durante cuatro días, hasta que por fin pudo ser rescatada por su familia, debería traducirse no solo en indignación, sino sobre todo en acciones concretas para combatir aberraciones de esta naturaleza.

Lamentablemente todo indica que no se trata de un delito aislado, sino de un crimen de mayor envergadura, en tanto la muchacha víctima de violencia sexual habría visto a otra adolescente que también estaba secuestrada en el mismo lugar, pero solamente durante los primeros dos días, ya que al tercer habría sido trasladada a otro lugar.

Sin embargo, hasta el momento no se ha logrado identificar a esta segunda víctima y se desconoce su paradero, pues sus captores, para mantenerlas bajo control, las drogaban permanentemente, lo que les impidió intercambiar información alguna. Además, los fiscales a cargo de la investigación encontraron prendas femeninas en el lugar de los hechos, lo que da a pie a sospechar que se trataría de una red dedicada a la trata y tráfico de personas, con fines de explotación sexual.   

Huelga señalar que la muchacha logró ser rescatada no gracias a las pesquisas policiales, sino a la depravación de sus captores, quienes le ofrecieron la posibilidad de contactarse con una de sus amigas, vía celular, con el propósito último de reclutar a una nueva víctima. La muchacha aprovechó esta oportunidad y se contactó con una amiga que estaba al tanto de su desaparición y sabía que la estaban buscando. Y por este motivo, la muchacha contactada aceptó acudir a su encuentro, pero se presentó a la cita acompañada por los familiares de la cautiva junto a efectivos policiales; lo que permitió la captura de los secuestradores.

Para colmo de males, se trataría de dos antisociales de 42 y 30 años con antecedentes por otros hechos de violación y vínculos con el narcotráfico, y que presumiblemente mantienen contacto con otros delincuentes. De hecho, según relató la muchacha secuestrada, en una ocasión en la que luchó contra uno de sus agresores para evitar una nueva violación, éste le contestó que “ya había estado en prisión” y que no tenía nada que perder.

Es de esperar que el Ministerio Público se muestre implacable con este caso y que encuentren pronto a la otra víctima señalada por la muchacha secuestrada.

Además, deben realizarse las investigaciones necesarias para constatar o descartar la participación de otros delincuentes vinculados a una red de trata y tráfico de personas, un macabro negocio que, por amor al dinero, destruye y denigra la vida de miles de personas alrededor del mundo, sin discriminar entre edades ni clases sociales.

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