Editorial

Día de la Madre

En general, las madres orientan sus recursos y esfuerzos hacia el bienestar de sus familias.

La Razón Digital

06:49 / 27 de mayo de 2016

Hoy el país celebra una fecha muy importante, que nos recuerda que no existe entre las personas amor más grande que aquel que sienten las madres hacia sus hijos. Si bien esta frase se ha vuelto un lugar común, no deja de ser cierta, y la mejor prueba de ello deviene de todos los sacrificios que cotidianamente hacen millones de madres para garantizar el bienestar de sus retoños.

Por ejemplo, no son pocas las mujeres que asumen por sí solas la crianza de sus hijos y de otros familiares en todas las regiones del mundo, trabajando dentro y fuera de sus hogares, restándole horas a su sueño e incluso embargando su salud con tal de asegurarse de que tengan algo que llevarse a la boca cada día, ropa limpia, una cama dónde dormir y educación para lograr un mejor futuro.

Son también muchas las madres que, en caso de necesidad, no manifiestan ningún reparo en realizar labores que muchos varones descartan por vergüenza, como salir a las calles a vender productos, limpiar baños o calles, atender enfermos o ancianos, e incluso están dispuestas a vender su cuerpo.

Y es que para la mayoría de las mamás no existe la frase “no se puede” a la hora de criar a sus niños y niñas, y saben perfectamente que la maternidad, además de ser una experiencia edificante y maravillosa, constituye un gran privilegio pero también una gran responsabilidad.

De allí que no sea casualidad que varios estudios y experiencias demuestren que el empoderamiento de las madres de escasos recursos es mucho más efectivo para la lucha contra la pobreza que aquellos proyectos enfocados hacia los padres.

Esto porque, en general, las mujeres orientan sus recursos y esfuerzos hacia el bienestar de sus familias, cosa que no siempre ocurre con los varones. Todas estas virtudes pueden explicarse con una sencilla palabra: amor, poderoso sentimiento que permite que las tareas difíciles sean fáciles de hacer, por muy complejas que parezcan.

Pues, independientemente de las circunstancias, problemas y carencias, no existe nada más gratificante que observar la sonrisa de un hijo o escuchar la palabra mamá enunciada con amor.

Se trata de una experiencia edificante y maravillosa que solo se comprende a cabalidad cuando se la vive. Y es que el amor filial constituye una fuente de gozo, pero también de ánimo, que tiene la virtud de suspender el egoísmo, principal germen de la amargura. Además, la maternidad constituye la opción más clara de trascendencia para las mujeres, y lo propio pasa con la paternidad respecto a los varones, y no solamente en el sentido de extender su vida más allá de la muerte, sino también en cuanto a su percepción respecto de la vida; en tanto les impulsa a perseguir, con tesón, fines que están más allá del periodo de su existencia individual.

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