Editorial

Autonomías degradadas

Claro que sería deseable ir más rápido y reducir el número de requisitos y trabas.

La Razón (Edición Impresa)

06:55 / 06 de febrero de 2017

Uno de los ajustes producido con el cambio de gabinete fue el cierre del Ministerio de Autonomías y su inclusión subordinada, como viceministerio, en la cartera de la Presidencia. Esta decisión del presidente Morales ha tenido intentos de justificación y diferentes lecturas. El hecho concreto es que las autonomías, y su exministro, han sido degradados. ¿Por qué prescindir del Ministerio de Autonomías en un momento decisivo para el rumbo del proceso, cuando los cuatro niveles autonómicos lidian por despegar y estamos a las puertas del necesario pacto fiscal? La respuesta oficial apunta al recorrido: las autonomías ya han alcanzado “un nivel de madurez” y, por tanto, “no requieren el tutelaje de un ministerio”. Por tanto, en esta nueva etapa de consolidación, solamente se necesita labor de acompañamiento, a cargo precisamente del viceministerio.

El argumento resulta razonable. El proceso autonómico, por su propia naturaleza, no requiere tutores. Ni por minoría de edad ni por ninguna otra causa. Ni ahora, ni antes. El impulso de las autonomías debe provenir de las entidades territoriales y no al amparo del nivel central del Estado.

Lo que falla es el supuesto por el cual se degradó al exministerio: ¿están realmente sólidas las autonomías en el ejercicio de sus cuatro tipos: departamental, regional, municipal e indígena originario campesino?

Veamos un dato referencial del proceso. A la fecha, tras ocho años de vigencia de la Constitución Política, únicamente dos de los nueve departamentos cuentan con estatutos autonómicos en vigencia, la primera y única autonomía regional (del Gran Chaco) avanza con lentitud, apenas hay siete cartas orgánicas municipales (de las 327 posibles) aprobadas en referéndum y de las 12 autonomías indígenas solo una: Charagua Iyambae, ha logrado, con mucha dificultad, conformar su autogobierno.

El proceso autonómico en el nuevo modelo de Estado, por su alcance, su complejidad, es un proceso necesariamente progresivo y pausado. Se asume como un diseño heterogéneo que debe conciliarse con el carácter plurinacional e intercultural de la estatalidad en construcción. Claro que sería deseable ir más rápido y reducir el número de requisitos y trabas que han estado frenando el recorrido, en especial respecto a las autonomías indígenas. Son clave para el efecto las condiciones y el liderazgo.

Por ello, asumiendo que por principio las autonomías deben construirse por obra del vigor de las propias autonomías, y no como concesión desde el centro, parece evidente que en el actual contexto no ha sido la mejor señal degradar el ministerio en la estructura del Gobierno. Tampoco lo es que el actual viceministro, como quien no ha pasado nada, diga o crea que todo sigue igual (donde decía ministerio léase vice), cuando las decisiones estratégicas en el área las tomará el Ministro de la Presidencia.

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