Editorial

Castells y las redes

Para Castells, este poco interés en la verdad estaría configurando ‘un mundo opaco’.

06:42 / 27 de marzo de 2017

¿Es posible y siquiera deseable regular o controlar las redes sociales digitales? La respuesta de Castells a esta interrogante es inequívoca: no hay ninguna posibilidad de controlar internet. Ni siquiera China, “con dictadura mediática”, lo ha logrado. Y no es posible regular o controlar las redes sociales digitales por el hecho de que son espacios autónomos de comunicación. A lo sumo se podría rastrear la fuente de un mensaje y vigilar o castigar al mensajero, pero el mensaje seguirá fluyendo.

Dicho esto, el intelectual español expresa su preocupación respecto a la llamada “posverdad”, esto es, percepciones construidas más desde la emoción y la creencia personal que con base en los hechos. Este poco interés en la verdad es una “cuestión terrible” para Castells, ya que estaría configurando “un mundo opaco”. En todo caso, ello no limita ni desmerece el hecho evidente de que vivimos en una sociedad red, es decir, una sociedad cuyo núcleo es la interconexión sustentada en nuevas tecnologías.

Precisamente a partir de sus estudios sobre la sociedad red, que Castells definió luego de hablar de sociedad de la información, el ilustre visitante argumentó a favor de la “autocomunicación de masas”, que es autocomunicación porque uno mismo genera el mensaje, y es de masas “porque potencialmente puede llegar a una audiencia global”. Se trata de una forma interactiva de comunicación, surgida con la difusión en internet, que se articula con los medios masivos y con la comunicación interpersonal.

¿Y la brecha digital? ¿Qué hacemos con la población que todavía no está conectada a internet o lo está en malas condiciones? Castells considera que la superación de la brecha digital, en términos de acceso, es cuestión de tiempo. Lo que más le preocupa es la brecha “digital cultural”, esto es, las grandes diferencias en el uso de la red con arreglo a desigualdades sociales, educativas y culturales. Claro que –para él– la desigualdad no es culpa de la tecnología, sino de las estructuras de poder.

En este panorama acelerado y complejo de la sociedad red, Castells nos dejó un mensaje de optimismo en torno a internet y las redes sociales digitales. Tiene que ver, por un lado, con la posibilidad de democratizar la comunicación y, por otro, asumir que la organización y la acción en redes tienen un gran potencial para la deliberación, la participación y la decisión democrática. Está demostrado: frente a la política del miedo, es posible constituir y oponer “redes de indignación y de esperanza”.

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