Editorial

Binomio paritario

Sin el principio de paridad, la democracia boliviana excluyó durante muchos años a las mujeres.

La Razón (Edición Impresa)

06:33 / 16 de octubre de 2017

La semana pasada, asambleístas mujeres de la oposición presentaron un proyecto de ley para forzar que las candidaturas al binomio presidencial sean hombre/mujer o mujer/hombre. Su argumento es que debe garantizarse que todas las candidaturas en elecciones, incluyendo la de presidente/vicepresidente, sean paritarias. La propuesta no ha sido bien recibida por el oficialismo.La idea del binomio presidencial con paridad de género no es nueva y admite, al menos, dos lecturas. La primera es de carácter principista y normativo. En su artículo 11°, la Constitución Política del Estado establece que el ejercicio democrático en Bolivia contempla la “equivalencia de condiciones entre hombres y mujeres”. Ello se ha expresado en los principios de paridad y alternancia para las listas de candidaturas, con énfasis en los órganos legislativos, contemplados en la Ley del Régimen Electoral.

El resultado de la paridad obligatoria en las listas de candidatas y candidatos es que hoy ostentamos una representación paritaria en la Asamblea Legislativa Plurinacional y en los concejos municipales, y muy cercana a la paridad en las asambleas departamentales. Ello pone al país a la vanguardia, a nivel mundial, en la participación política de las mujeres. No siempre fue así. Sin el principio de paridad, la democracia boliviana excluyó durante muchos años a las mujeres, incluso con las cuotas.

La representación paritaria de mujeres en los órganos legislativos tiene su contracara en los cargos ejecutivos. En las dos últimas elecciones subnacionales (2010 y 2015) todos los gobernadores departamentales electos fueron hombres. Y más del 90% de alcaldes también. Demás está decir que en nuestra democracia nunca se eligió una mujer como presidenta de Estado. Más allá de condiciones estructurales y de cultura política, ello se produce por la ausencia de paridad en estas listas.

A tal hecho apunta el proyecto de ley que nos ocupa, cuya segunda lectura es de naturaleza estratégico-electoral. Más allá del principio de paridad, la propuesta opositora busca “sacar del juego” al actual Vicepresidente del Estado en una futura candidatura (pese a que declinó de la misma). El propósito político, pues, a reserva de la decisión del Tribunal Constitucional sobre la reelección, es romper el binomio Evo-Álvaro, que ya ha ganado tres elecciones generales con mayoría absoluta de votos.

Claro que, en caso de prosperar, la cualidad paritaria del binomio presidencial podría producir también drásticos efectos en la oposición. Si asumimos la divisa opositora de “candidatura de unidad”, las alianzas partidarias que ello supone pueden malograrse prematuramente si la candidata vicepresidencial, por fuerza de ley, debe ser mujer. En un escenario político-electoral donde todos los candidatos visibles a la presidencia son hombres, la obligatoriedad del binomio paritario alteraría el tablero.

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