Editorial

¿Cómo va la economía?

Hay malestares microeconómicos que exigen más apertura y flexibilidad en las autoridades.

La Razón (Edición Impresa)

06:48 / 15 de octubre de 2018

Es necesaria una lectura precisa del desempeño económico del país. Si bien no estamos en una nueva bonanza, tampoco estamos atravesando una profunda crisis. El actual crecimiento del PIB (4,6% hasta junio, según datos del INE) es resultado de los aciertos de la política económica del último decenio, no obstante también revela algunas limitaciones que deben entenderse y resolverse.

En los últimos días se han difundido algunas noticias que han generado interpretaciones divergentes sobre el desempeño de la economía nacional. En una esquina se resalta el crecimiento del 4,5%, certificado por el Banco Mundial, o la puesta en funcionamiento de inversiones en etanol, litio o energías alternativas; panorama que se complementa con el mayor esfuerzo de condonación de deudas tributarias a grandes y pequeños contribuyentes de los últimos 15 años.

En la otra esquina se insiste en los altos costos que enfrenta la iniciativa privada por medidas como el doble aguinaldo o las rigideces regulatorias, la incertidumbre en algunos mercados de materias primas o los posibles impactos cambiarios de las crisis regionales. Aunque algunas de esas valoraciones son más precisas que otras, ambas contienen elementos que deben ser considerados. Además, expresan las complejidades de una economía que se ha transformado pero que requiere ajustes constantes para reinventarse.

No se puede desmerecer la capacidad del Gobierno de sostener el crecimiento en medio de una tormenta comercial y financiera global, cuando muchos auguraban el colapso. La estrategia anticíclica y de sostenimiento de la demanda interna ha funcionado, porque existían ahorros para hacerlo y por particularidades en la estructura productiva del país. A la vista del descalabro cambiario y recesivo argentino, las dudas brasileñas y la desaceleración regional, este es un logro innegable.

Sin embargo, sería ingenuo quedarse en la autosatisfacción, más aún cuando la ecuación más inversión pública igual crecimiento empieza a mostrar sus límites, no tanto para alentar una expansión agregada, sino sobre todo para impulsar un desarrollo más homogéneo y modernizar las condiciones microeconómicas para las medianas y pequeñas empresas, que son las que generan más empleos.

Se puede entender, entonces, la inquietud de muchos productores por los efectos del doble aguinaldo. Hay excesos regulatorios que se precisa corregir, se necesita acelerar la lucha contra el contrabando y sería deseable reflexionar sobre una política salarial sensible con las heterogeneidades del tejido empresarial. El alivio tributario impulsado por el Ejecutivo es una señal muy positiva en ese sentido.

En síntesis, la base macroeconómica para el desarrollo sigue siendo alentadora con todos sus matices, pero hay malestares microeconómicos que exigen más apertura y flexibilidad en las autoridades. Así podremos avanzar juntos, con paso firme, a otra década más de expansión y disminución de la pobreza.

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