Editorial

Pandillas

Gozan de los beneficios que reporta ser parte de un grupo fuertemente cohesionado

La Razón

02:17 / 06 de diciembre de 2011

La semana pasada, el Viceministerio de Seguridad Ciudadana presentó un informe que alerta sobre el incremento de pandillas peligrosas en el país. De las 437 registradas en 2010, la cifra aumentó hasta 700, es decir que en un año se crearon 263. En esta lista sólo se tomaron en consideración a los grupos juveniles que incurrieron en algún tipo de actividad delictiva.De acuerdo con el informe, estos grupos se encuentran asentados principalmente en las ciudades del eje. La Paz encabeza la lista con 238 pandillas, le siguen Santa Cruz (180) y Cochabamba (77). Beni es el único departamento que no registra ninguna pandilla juvenil delictiva. En general, están conformadas por jóvenes y adolescentes, entre 10 y 35 años, con pocas oportunidades para su desarrollo, y que carecen del reconocimiento por parte del mundo adulto.

Acostumbrados a vivir en un mundo de carencias y sin intereses, los pandilleros disfrutan de los beneficios que reporta ser parte de un grupo fuertemente cohesionado, alrededor de intercambios o prestaciones de ayuda mutua, incluso de privilegios sexuales por parte de las mujeres que reclutan, a veces de manera voluntaria; otras, bajo amenazas.

No obstante, los riesgos y frustraciones que padecen son aún mayores. En efecto, no sólo deben pagar su ingreso y permanencia con crímenes y abusos, sino que además viven inmersos en un mundo cargado de violencia e injusticias, protagonizando confrontaciones permanentes en procura de controlar territorios y extender su influencia hacia otras zonas. Un pandillero de El Alto entrevistado por La Razón relató que fueron las lágrimas de su madre, antes que los golpes recibidos, las que lo convencieron de rechazar su grupo. Empero, no todos encuentran en el amor materno el motor para abandonar la vida delictiva.

Junto con los problemas de disfuncionalidad o desintegración familiar, los elevados niveles de pobreza e inequidad explican el incremento de las pandillas. Gran parte de los pandilleros crecen recibiendo una avalancha de estímulos sin precedentes que los alientan a ingresar en un mundo globalizado, pero en una etapa cuando las oportunidades de ascenso social para quienes carecen de educación o entrenamiento laboral son cada vez más reducidas. Y esta crisis de expectativas insatisfechas, profundizada por la expansión de las comunicaciones que lleva a los hogares más humildes estereotipos de familias acomodadas, se traduce en más frustración y mayores índices de criminalidad.

Los escasos resultados alcanzados hasta ahora para reducir la proliferación de estos grupos dan cuenta de la ausencia de una adecuada política de seguridad ciudadana, susceptible de encarar este problema con un enfoque integral, atenuando los factores de riesgo que provocan la violencia, el consumo de drogas y el incremento de hechos delictivos.

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