Editorial

Paradoja alimentaria

Pese a vivir en un mundo de abundancia, 840 millones de personas pasan hambre

La Razón / La Paz

03:07 / 18 de octubre de 2013

En un mundo en el que diariamente se desperdician millones de toneladas de alimentos resulta paradójico, por decir lo menos, que una de cada diez personas padezca de hambre crónica y una de cada cuatro esté desnutrida. Esta situación es producto de la falta de procesos de producción, procesamiento y transporte suficientes, pero también de un sistema injusto.

En efecto, según el mensaje de la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en ocasión de recordar el Día Mundial de la Alimentación, el miércoles, a pesar de que vivimos en un mundo de abundancia, 840 millones de personas pasan hambre y 2.000 millones padecen el “hambre oculta” de la malnutrición.

Además, la agencia de las Naciones Unidas alertó que los modelos insostenibles de desarrollo están degradando el ambiente natural, amenazando a los ecosistemas y la biodiversidad, que serán necesarios para el abastecimiento futuro de alimentos de la humanidad. Asimismo, las políticas y las intervenciones relacionadas con los sistemas alimentarios rara vez se diseñan con la nutrición como objetivo principal.

Por estas razones, la FAO propuso debatir no sólo la situación de quienes pasan hambre, sino también los sistemas alimentarios que se necesitan para asegurar que todas las personas accedan al alimento diario, y que éste no sea escaso en el futuro. Según la organización, un sistema alimentario está formado por el entorno, las personas, las instituciones y los procesos mediante los cuales se producen, elaboran y llevan hasta el consumidor los productos agrícolas. Todos los aspectos del sistema alimentario influyen en la disponibilidad y accesibilidad final de alimentos variados y nutritivos y, por lo tanto, en la capacidad de los consumidores de elegir dietas saludables, propósito que en muchas sociedades  parece todavía una utopía.

Desde el punto de vista de la producción de alimentos, Bolivia, además de ofrecer al mundo (junto con Perú y Ecuador) la quinua como el alimento capaz de resolver el hambre, ha mostrado importantes avances en materia agraria. Sin embargo, la necesaria ampliación de la frontera agrícola para este fin amenaza otros equilibrios naturales, provocando otra aparente paradoja de la seguridad alimentaria.

Finalmente, el acceso a los alimentos en los mercados necesita fuertes políticas públicas, ámbito en el que el país tiene importantes avances desde el punto de vista del fomento a la producción y en la distribución de alimentos básicos; no obstante, la pobreza sigue siendo una tarea inconclusa.

La lucha contra el hambre pasa entonces por resolver las paradojas, asegurando la sostenibilidad de los emprendimientos en un planeta seriamente afectado por los errores humanos en su relación con la naturaleza. Un mundo en el que nadie pase hambre es no sólo posible, sino sobre todo urgente.

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