Editorial

Patria

Cada 6 de agosto recordamos el gentilicio que nos hace iguales en medio de tanta diversidad

La Razón

00:00 / 06 de agosto de 2012

La patria, dice el Diccionario, es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. Hoy, la patria cumple su 187 aniversario, en medio, quiérase o no, de un proceso de transformación histórica que obliga a encontrar la raíz común para proyectar el horizonte compartido.

En efecto, Bolivia es un entramado de culturas diversas, de pasiones por lo propio, que se teje cotidianamente y que desde su fundación busca su identidad. Tal vez nunca como ahora esa identidad esté más cerca de ser definida, y por eso mismo el proceso encuentra virulentas resistencias entre quienes se rehúsan a aceptar que no sólo hay procesos redistributivos, sino también un renovado protagonismo de los sectores más postergados, comenzando por los pueblos indígenas.

Es que hasta hace muy pocos años, el origen nativo de la patria, visible en monumentos y personas, había sido sistemáticamente negado, rechazado, excluido. El estéril debate sobre la pertinencia o no de incluir la categoría “mestizo” en la boleta censal es buena muestra de esa resistencia a reconocer a los otros su derecho a identificarse desde su diversidad, sin por ello perder de vista su pertenencia al Estado, con sus virtudes y defectos, que los cobija.

Bolivia es una nación forjada en la lucha permanente, y como tal susceptible de tener a sus elites y dirigencias concentradas en las antípodas. Pero al mismo tiempo pletórica de solidaridad en sus bases, que sin perder de vista sus diferencias y sus distancias, encuentra muchos rasgos comunes, y todavía más, esperanzas y ambiciones.

Hubo que esperar muchos años, y luchar en un escenario constituyente no exento de conflictividad y violencia, física y simbólica, para que por fin se reconozca que esta patria está formada por muchas naciones culturales reunidas en un Estado; nación jurídica expresada en la Constitución, que no por resistida es menos legítima, incluso considerando las críticas que la señalan como puramente declarativa mientras la mentalidad republicana, cuando no colonial, parece seguir vigente en las actitudes y, peor, en las instituciones.

Finalmente, esta patria boliviana es el lugar al que los migrantes vuelven a derrochar la fortuna obtenida más allá de las fronteras, o donde retornan en busca de cobijo y pertenencia, pues la dimensión afectiva supera a los argumentos en favor o en contra de irse y, luego, de volver, y tiene que ver con los recuerdos y las expectativas, con la capacidad de traerlos al presente para disfrutarlos y volver a soñar.

Que cada 6 de agosto nos recuerde, pues, que todas y todos estamos unidos por el nombre de la patria, pero sobre todo por el gentilicio que nos hace iguales en medio de tanta diversidad, y es lo que hoy por hoy debemos esforzarnos en rescatar del odio político que trata de provocar la división.

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