Editorial

Paupérrimo transporte

Hay 19 deficiencias recurrentes en el servicio de transporte interdepartamental

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 17 de agosto de 2014

La calidad del transporte público en Bolivia es mínima, eso no es novedad. Los municipios, con mayor o menor interés, tratan de lidiar con los poderosos sindicatos de transportistas, a menudo sin éxito; y fuera del ámbito urbano la situación es igual o peor: el transporte interdepartamental, pese a ser muy buen negocio, es frustrante para las y los usuarios.

En efecto, hay al menos 19 deficiencias recurrentes en el servicio de transporte interdepartamental de pasajeros, que han sido codificadas por la Policía y la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Transportes y Telecomunicaciones (ATT) a partir de las denuncias que las personas presentan cotidianamente en los puntos de reclamo habilitados en las terminales de buses. La lista incluye: servicio de baño a bordo no habilitado, pese a que es parte de la oferta; maltrato a los pasajeros por parte del conductor o sus ayudantes; asientos en mal estado o que no se reclinan; presencia de insectos, incluyendo cucarachas; ventanas que no abren o no cierran; pasajeros viajando en el pasillo, algo que está expresamente prohibido. Consultados por este diario, algunos viajeros recordaron que cuando reclamaron por estas u otras deficiencias, la respuesta fue el proverbial “si no le gusta, bájese”.

A su vez, la Secretaria de Hacienda del Sindicato Mixto de Choferes en Ómnibuses Departamental e Internacional de La Paz tiende a justificar la pésima calidad del servicio atribuyéndola a los malos hábitos de la población, señalando por ejemplo que los baños de los buses no se abren porque los pasajeros hacen mal uso de ellos. Asimismo opina que las quejas “son exageradas”. La Policía, por su parte, dependiendo de la voluntad del oficial a cargo en cada terminal o punto de control carretero, hace algo de control de las condiciones del servicio, mas no siempre con resultados alentadores, pues a menudo los conductores logran imponer su arbitrio sobre la posición de los policías.

Finalmente, la instancia responsable de la regulación y fiscalización del servicio de transporte, la ATT, tiene una muy bien ordenada estadística de los reclamos, según cantidad, frecuencia, y tipo de denuncia, pero no parece ser capaz de hacer algo al respecto, aparte de amonestar, eventualmente multar y sobre todo recordar a los conductores y las empresas de transporte de sus obligaciones para con los pasajeros. Ninguna de estas acciones parece tener efecto en la calidad de servicio que reciben las personas.

Hay, pues, una situación ostensiblemente frustrante allí donde son cotidianos los abusos por acción u omisión de los prestadores del servicio y, sobre todo, porque es evidente que las autoridades (sean policiales o gubernamentales) son incapaces de transformar la situación.  Mientras tanto, todo aquel que quiera viajar por tierra dentro o fuera del país debe aguantarse, porque “así nomás es”.

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