Editorial

Paz en Colombia

Un pacto imperfecto es mejor a cualquier otra opción que implique la continuidad del conflicto

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:33 / 25 de septiembre de 2015

Junto a la noticia de que la Corte Internacional de Justicia se declaró competente para atender la demanda boliviana contra Chile, hubo otro acontecimiento auspicioso para América Latina, que llegó de la mano del presidente colombiano, Juan Manuel Santos; del jefe de las FARC, Timoleón Jiménez; y del presidente de Cuba y anfitrión de las conversaciones de paz para Colombia, Raúl Castro.

Nos referimos al anuncio de que a más tardar en seis meses, es decir en marzo de 2016, deberá estar firmado el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). A partir de ese momento, se iniciará el proceso de conversión de la guerrilla en un movimiento político para disputar el voto popular de los colombianos.

El establecimiento de este plazo fue posible gracias a que las partes en conflicto lograron un acuerdo considerado equitativo con relación al tratamiento judicial, que implica una rebaja de condenas a quienes hayan participado en crímenes pero que cooperen con la Justicia; así como la suspensión, de parte de la Fiscalía colombiana, de las imputaciones sobre violaciones a los derechos humanos que pesaban contra los integrantes de la cúpula de las FARC.

La negociación que se desarrolla en Cuba tiene como antecedentes tres procesos previos que fracasaron, uno impulsado por Belisario Betancur a mediados de los 80; el segundo, por César Gaviria a inicios de los 90, y el tercero, entre 1999 y 2002, por Andrés Pastrana. En los últimos siete años las FARC han sufrido una serie de bajas que debilitaron sensiblemente al movimiento armado; empezando por las muertes de Raúl Reyes y del histórico Tirofijo Manuel Marulanda, en 2008.

Si bien en la arena internacional la opinión predominante se vuelca a favor del acuerdo y festeja el mencionado avance, en Colombia han surgido varias voces que cuestionan la flexibilidad legal otorgada a los guerrilleros cuando se desarmen y desmovilicen, para evitar sanciones que, de otro modo, serían mucho mayores. Sin embargo, a pesar de estos cuestionamientos contra el proceso de paz, la población colombiana tiene muy presente que un acuerdo imperfecto es mejor a cualquier otra alternativa que implique la continuidad del conflicto armado; tal y como reflejan recientes encuestas de opinión elaboradas en el país caribeño. En estos sondeos, si bien la opinión mayoritaria considera que las negociaciones no van por buen camino o que el resultado puede no traer prosperidad al país, cuando se les consulta a los colombianos si votarían a favor del acuerdo, la respuesta la mayoría es afirmativa.

La opción por la paz, creemos, es la más sabia para un pueblo que ya está cansado de sufrir y que sin duda alguna merece un futuro mejor, lejos del desgaste y la destrucción de una guerra que parece llegar a su fin.

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