Editorial

Paz en Colombia

Así como hay obstáculos externos, también existen amenazas internas contra el proceso de paz

La Razón (Edición Impresa) / La Razón / La Paz

22:17 / 30 de junio de 2016

El jueves de la semana pasada, el Gobierno de Colombia y las FARC acordaron el “cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo”, así como la entrega de armas de parte de la guerrilla en los próximos 180 días, lo que representa la antesala para lograr un acuerdo final que permita impulsar la finalización del conflicto armado más prolongado de América.

Se trata sin duda de un paso fundamental para consolidar una paz largamente anhelada en Colombia, tras cinco décadas de un cruento enfrentamiento que ha provocado al menos 200.000 muertos, 45.000 desaparecidos y más de seis millones de desplazados. Empero, aún restan bastantes obstáculos para, primero, materializar un acuerdo definitivo, y posteriormente para consolidar una paz verdadera. Por caso, aún persisten bandas criminales vinculadas al narcotráfico que viven y se alimentan del conflicto, cuyos miembros están más que dispuestos a ocupar el lugar que dejaría la insurgencia.

Otro de los principales escollos por resolver, coinciden los especialistas, es el truncado proceso de paz con la segunda guerrilla más importante del país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que cuenta con cerca de 2.000 miembros y cuyos dirigentes se niegan a liberar a los rehenes que están en su poder y a terminar con los secuestros, dos requisitos que el Ejecutivo colombiano exige para iniciar una fase formal de negociaciones. La presencia de terroristas elenos en territorios que comparten con las FARC podría dificultar la verificación del cese al fuego. Pero el mayor temor de las autoridades estriba en que una guerrilla activa podría servir de aliciente para aquellos miembros de las FARC que opten por no desmovilizarse.

Y así como hay obstáculos externos, también existen amenazas internas, pues si bien el proceso de paz cuenta con el apoyo unánime de la comunidad internacional, en Colombia hay sectores que rechazan esta iniciativa, con el argumento de que un acuerdo dejaría en la impunidad miles de crímenes cometidos por la guerrilla. Uno de los abanderados de esta corriente es el expresidente Álvaro Uribe, para quien Colombia tendría “una paz herida”, y por ese motivo ha iniciado una campaña de firmas contra los pactos; y previsiblemente hará lo propio por la opción del No cuando llegue el momento de refrendar el acuerdo final por medio de un referéndum.

Ahora bien, más allá de los obstáculos futuros para la paz, constituye una excelente noticia el hecho de que los dirigentes de las FARC estén dispuestos a colgar las armas, ya que abrazar la violencia como una herramienta de reivindicación, lejos de convertirse en un medio de erradicar la opresión, sirve solo para perpetuarla y profundizarla; además de aceptar que ha llegado el momento de luchar, a través del diálogo, para consolidar una paz ansiada en Colombia desde hace más de 50 años.

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