Editorial

Paz en Siria

Siria vive un escenario dantesco, difícil de imaginar, sin visos de una pronta solución

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 31 de diciembre de 2014

Desde que se inició la guerra civil siria, hace tres años, más de 100.000 personas han muerto. Además, 2,5 millones han huido a naciones vecinas, 6,5 millones se han desplazado dentro del mismo territorio y Unicef ha solicitado recientemente $us 835 millones, el mayor pedido de su historia, para atender a cinco millones de niños que necesitan ayuda humanitaria con urgencia.

En suma, el país árabe vive un escenario dantesco, difícil de imaginar, y lo que es peor, sin visos de una pronta solución. Mas al contrario, todo indica que las probabilidades para una solución pacífica son cada vez menores, pues la participación de los grupos radicales musulmanes, como Al Qaeda, es cada vez más grande e influyente, amén de la posición intransigente de Bashar al Asad, quien rechaza negociar con los rebeldes a los que califica de terroristas, quienes a su vez excluyen cualquier arreglo que no incluya su salida del poder.

Por ello no sorprende que el papa Francisco, en su primer mensaje navideño, haya orado para que cese el sufrimiento del pueblo sirio, se garantice la ayuda humanitaria y se ponga fin a esa contienda fratricida, cuyas principales víctimas son, como siempre, los niños, ancianos, las mujeres maltratadas y los enfermos.

Aunque parezca un gesto inútil, este pedido podría obrar el milagro que todo el mundo aguarda. De hecho, hace tan solo tres meses un desliz del Secretario de Estado estadounidense, aprovechado por la diplomacia rusa, evitó un ataque inminente de EEUU contra Siria, poco después de que el propio Papa pidiera orar y ayunar para evitar una intervención militar.

Además, no sería la primera vez que por estas fechas ocurre un milagro de esta naturaleza. Cabe recordar por ejemplo que el 24 de diciembre de 1914, a la mitad de la sanguinaria Primera Guerra Mundial, el conflicto bélico que cambió para siempre la forma de concebir y ejecutar una guerra, los soldados que se disparaban desde frentes enemigos situados a pocos metros empezaron a cantar villancicos. Gracias a este sencillo gesto, en distintos lugares, más de 100.000 soldados depusieron sus armas por unos días, salieron de sus trincheras, buscaron a sus enemigos, cantaron con ellos. Incluso en Ypres, Bélgica, los soldados alemanes y británicos jugaron un partido de fútbol, antes de enfrentarse, otra vez, a muerte.

Fue un gesto de paz gestado por el espíritu navideño, que pudo suspender la barbarie durante varias horas, y que ojalá se reproduzca en el presente, pero con mayor fuerza. Mientras el mundo aguarda y ora por este milagro, es de esperar que el conflicto sirio sirva al menos para identificar las causas, a fin de prevenirlas, que subyacen siempre en este tipo de conflictos, como son las posiciones fundamentalistas, intereses mezquinos y el afán de unos cuantos de enraizarse en el poder, cueste lo que cueste.

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