Editorial

Peligro al volante

El tráfico vial en la mayoría de las ciudades del país es desordenado y, por ende, peligroso

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:50 / 27 de mayo de 2015

Por donde se lo mire, el tráfico vial en la mayoría de las ciudades del país es desordenado y, por ende, peligroso. A menudo se atribuye los problemas de vialidad a los gobiernos municipales y al Organismo Operativo de Tránsito; sin embargo, la responsabilidad también es compartida, a partes iguales, por los conductores, que en su mayoría ignoran y vulneran las normas.

En efecto, este diario revisó las estadísticas de los accidentes automovilísticos durante el primer trimestre de este año y descubrió que los más comunes son las colisiones (el vehículo contra algún objeto fijo), que representan el 49,6% de los casos, y los choques (24,2%). En ambas situaciones es claro que el factor principal es la impericia o, peor, la imprudencia de quienes están al volante.

En tercer lugar aparecen los atropellos, que representan el 15,4% de los casos, y aquí es fácil imaginar que a los dos factores antes mencionados se suma la proverbial falta de respeto de parte de los conductores por las y los peatones. Basta con observar la circulación vehicular en cualquier calle para darse cuenta de que quien va en un automóvil tiene más derecho que quien camina, cuando debería ocurrir lo opuesto.

Según las estadísticas, del total de accidentes (repartidos en 14 categorías), casi ocho de cada diez han sucedido en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. El primer lugar de la siniestralidad lo ocupa la capital cruceña, con el 35% de los casos, seguida de La Paz, con 32%, y Cochabamba, con 12%. Aquí es fácil imaginar que existe alguna correlación entre el tamaño del parque automotor con la cantidad de accidentes registrados.

Ahora bien, es necesario considerar que el total de casos corresponde a los que fueron registrados por el Organismo Operativo de Tránsito, y es bien sabido que muchas veces los involucrados en un hecho de esta naturaleza tienden a buscar arreglos al margen de la actuación policial, lo que puede interpretarse en sentido de que el verdadero número de casos está subestimado en las cifras oficiales.

En defensa de los involucrados en hechos de tránsito podrá decirse que, en efecto, los gobiernos municipales incumplen con su obligación de proveer las condiciones materiales para garantizar un tráfico fluido, desde el mantenimiento de calles y avenidas hasta la provisión de señalización correcta y útil. Asimismo, los efectivos de Tránsito no siempre son capaces de ordenar el tráfico, y a menudo demuestran falta de autoridad frente a conductores prepotentes e irrespetuosos.

La conclusión más evidente, entonces, es que detrás de hechos de tránsito está la falta de educación vial entre toda la ciudadanía, desde las autoridades hasta los peatones, pasando por los conductores. Las normas son claras, pero pareciera que nadie las conoce, o que quienes sí las conocen, no las respetan. Urge, pues, hacer más al respecto.

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