Editorial

Peligros del chaqueo

Se deberían adoptar medidas a lo largo del año para prevenir los focos de calor

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

01:56 / 24 de noviembre de 2014

Lamentablemente el fuego aún es utilizado ampliamente entre los agricultores y ganaderos del país, quienes periódicamente acondicionan amplias extensiones de tierra a través de esta “herramienta”; una práctica tanto más nociva por cuanto devora anualmente cientos de miles de hectáreas de bosques, poniendo en riesgo el patrimonio natural y la salud de todos los bolivianos.

Por caso, en la localidad yungueña de Irupana, La Paz, se desató un incendio forestal de gravedad, por la irresponsabilidad de una comunaria que decidió quemar la maleza de su lote. Este desastre destruyó cerca de 150 hectáreas de bosque, equivalentes a igual número de campos de fútbol. Afortunadamente no se tuvieron que lamentar daños personales ni vidas humanas. No obstante, faltó poco para que este desastre alcanzara grandes proporciones, pues logró ser aplacado a tan solo 700 metros del único surtidor de gasolina de la localidad y a 200 metros de la red de alta tensión de la radio. Además, tres vertientes de agua se vieron afectadas.

Esto sin contar el gran número de animales silvestres que perdieron la vida, junto con árboles y ecosistemas que tardarán varios años en recuperarse. La responsable confesa de este incendio deberá pagar ahora una multa de Bs 1.000, amén de contribuir a reforestar el lugar afectado. Este hecho pone en evidencia la levedad de las sanciones contempladas por ley para quienes chaquean sus tierras sin ningún tipo de cuidado; permisividad que fomenta esta práctica, y por ende, los incendios forestales como el que aquí se comenta.

Cabe recordar que Bolivia no cuenta con los medios necesarios para enfrentar esta clase de desastres, que además de destruir la biodiversidad y los servicios ecológicos que prestan los bosques, se traducen en humaredas que provocan infecciones respiratorias y conjuntivitis entre la gente, especialmente entre niños y ancianos. Pues, por lo general, se desarrollan en lugares apartados y cuentan con una gran cantidad de combustible fósil.

De allí la importancia de adoptar medidas concretas para prevenir la expansión de los focos de calor a lo largo del año. Por ejemplo se podría aprovechar la tecnología satelital y los antecedentes respecto de las zonas que tradicionalmente son víctimas del chaqueo y susceptibles de sufrir incendios. Con esta información se pueden organizar brigadas temporales de vigilancia y cuerpos de guardaparques, con formación preventiva ambiental, que intervengan en esas regiones, controlen y eviten la extensión de las quemas, construyendo senderos y fuentes de agua que en caso de emergencia sirvan para controlar el avance del fuego.

Asimismo, urge organizar campañas educativas que enseñen métodos alternativos de acondicionamiento de los suelos, o al menos la manera más responsable de manejar el fuego, en función a las necesidades y posibilidades de cada región. 

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