Editorial

Peligroso descuido

Según la Policía, en la ciudad de El Alto cada día se pierden entre dos y tres menores.

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 15 de julio de 2013

Según registros de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, en la ciudad de El Alto cada día se pierden entre dos y tres menores. Una cifra en verdad escandalosa, sobre todo si se toma en cuenta que el 20% de los casos no logra ser resuelto, y que las autoridades sospechan que los niños y adolescentes que no regresan a sus hogares pueden ser víctimas de la trata de personas.

Es decir que, cada mes, entre 10 y 15 menores del El Alto corren el riesgo de caer en organizaciones criminales que se especializan en explotar a las personas, particularmente niños y mujeres, en redes de prostitución o en labores no sólo riesgosas sino también denigrantes, como la venta y el macerado de droga. Incluso pueden ser víctimas del tráfico de órganos (según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, cada año se realizan en el mundo unos 112.000 trasplantes, y el 10% de los órganos que se utilizan proceden del tráfico ilegal; y si bien gran parte de este porcentaje proviene de gente sin recursos que se ve forzada a vender sus órganos, también hay redes criminales involucradas en este macabro negocio).

Ahora bien, como ya antes se ha señalado en este mismo espacio, el tráfico y trata de personas constituye una grave e inadmisible situación de injusticia, impunidad y vulneración de derechos humanos. De allí la importancia de que toda la sociedad se ponga de acuerdo para luchar contra este mal que, por amor al dinero (después de la cocaína y el tráfico de armas, es uno de los mayores negocios ilícitos del planeta), no discrimina entre clases sociales ni entre niños o adultos.

Pero para ello hace falta articular amplios consensos, que se traduzcan en una verdadera política de Estado, a fin de enfrentar a una delincuencia cada vez más profesional y peligrosa. Por ejemplo, en el caso de adolescentes y mujeres obligadas a prostituirse, el estado psicológico en el que se encuentran es tan devastador que muchas veces no son capaces de pedir ayuda. Por eso es tan importante la colaboración de quienes, particularmente los clientes, puedan sospechar que están ante un caso de esta forma cruel y humillante de esclavitud, que explota sexualmente a las personas y las mantiene en cárceles clandestinas.

Por otra parte, esta estrategia también debería incluir campañas de información y concienciación entre los padres de familia, respecto a su responsabilidad de velar por la seguridad de sus hijos, así como la mejor manera de hacerlo.

Esto especialmente en ciudades como la urbe alteña, donde aún persisten costumbres y prácticas comunitarias, que inducen a muchos padres a dejar solos a sus hijos mientras trabajan, especialmente en actividades comerciales. Ello pese a que El Alto hace muchos años dejó de ser una pequeña comunidad, para convertirse en una de las urbes más azotadas por la violencia y el crimen del país.

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