Editorial

Penales inseguros

Los centros de reclusión no pueden seguir albergando a grupos delictivos

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

02:19 / 27 de marzo de 2014

No ha pasado ni un año de la sangrienta refriega entre presos que en agosto de 2013 dejó un saldo de 35 muertos y 63 heridos en Palmasola y ese penal vuelve a ser noticia por otro drama. Esta vez la víctima es un joven de 21 años, que fue abusado sexualmente por una pila de delincuentes debido a que no cumplió con las arbitrarias e ilegales normas internas de los reos.

La víctima, recluida preventivamente en el bloque Chonchocorito, se habría negado a pagar por el “seguro de vida” que los presos cobran a los nuevos internos para garantizar su seguridad, por lo que éstos le introdujeron un envase de desodorante en el ano como castigo.

Otra violación que cometen en instalaciones carcelarias, donde la seguridad es responsabilidad de autoridades civiles y policiales, y no de reclusos, es que continúan encontrando formas de delinquir en las narices de sus custodios.

Se abrió un caso por delitos de violación y lesiones graves, pero la víctima se niega a revelar la identidad de sus agresores porque él y su familia fueron amenazados de muerte, prueba del poder que tienen estas personas incluso fuera de los penales.

Lamentablemente, no sorprende la comisión de un nuevo delito en ese reclusorio de “alta seguridad”. Dos semanas después de la trifulca del 23 de agosto de 2013, un operativo policial encontró en el lugar cocaína, marihuana, alcohol y dinero sin cuantificar. La droga se encontraba lista para ser distribuida.

Hace un par de semanas, una pareja denunció que el 21 de febrero fue dopada en la discoteca Dúo de La Paz y que luego la mujer fue secuestrada y vejada. Acusaron de la violación al administrador de ese centro nocturno, quien durante la audiencia de medidas cautelares se defendió señalando que ese día había ido a entregar las ganancias de la discoteca al penal de San Pedro. Ofreció además como testigo a la persona a la que le habría entregado el dinero .

De la declaración se infiere que el propietario es un recluso (o varios). Las víctimas denunciaron que se trataría de Ernesto Córdoba, dueño del varias veces clausurado bar El Caballito, cantina con un largo historial de denuncias de robo y contravenciones a la ley.

Son innumerables los casos en que las víctimas de robo de vehículos recibieron llamadas desde dentro de los penales para recuperar sus motorizados y hasta ahora nadie ha logrado erradicar las armas, drogas y alcohol que circulan en las cárceles. Cada vez que se realiza un operativo de control se confirma que estos tres factores vinculados con la violencia y el delito continúan presentes tras las rejas.

La situación es compleja y los recursos insuficientes, no cabe duda, pero los centros de reclusión no pueden continuar albergando comandos de operación de grupos dedicados a la delincuencia. Es hora de tomar al toro por las astas.

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