Editorial

Estado Plurinacional

En materia de políticas sociales, más han sido los anuncios que las realizaciones

La Razón

02:54 / 23 de enero de 2012

Ayer se celebraron los dos primeros años de existencia del Estado Plurinacional, fecha asociada al inicio del segundo mandato del presidente Evo Morales. El balance general de esta nueva etapa en la historia del país arroja como saldo un complejo equilibrio entre una economía saludable y una deficiente gestión de los conflictos políticos y sociales.

En efecto, La Razón presentó ayer un suplemento especial que recoge con gran detalle lo bueno y lo malo de los dos últimos años de gestión gubernamental, en el que destaca particularmente la buena salud de la economía boliviana, no sólo por su notable índice de crecimiento y su inflación contenida por debajo del 7%, sino también por el espectacular incremento de las Reservas Internacionales Netas (RIN), de $us 1.714 millones en 2005 a poco más de $us 12 mil millones en 2011. Así lo han reconocido organismos internacionales, como el PNUD, que reveló que hay menos personas viviendo por debajo de la línea de la pobreza; o la CEPAL, que considera el modelo de desarrollo boliviano digno de ser tomado como paradigmático.

En materia de política internacional, el Estado Plurinacional tiene dos temas de atención principal: el primero, la recuperación de las relaciones plenas con EEUU, que tras la firma de un convenio marco permitirá restituir los respectivos embajadores. El segundo, por el contrario, es un evidente enfriamiento de las relaciones con Chile, que pone en suspenso la recuperación de la cualidad marítima boliviana. Es previsible que ambos temas seguirán ocupando un lugar destacado en las agendas gubernamental y pública.

En materia de políticas sociales, más han sido los anuncios que las realizaciones, y el tercer año del Estado Plurinacional será la prueba de fuego para los ambiciosos planes de implementar un nuevo currículo educativo, que se desea descolonizador y capaz de producir bachilleres con habilidades profesionales; y un Seguro Universal de Salud, cuyo financiamiento parece un rompecabezas, que no por difícil debiera considerarse imposible.

Si hasta aquí son más las buenas noticias que las malas, las autoridades gubernamentales coinciden con comentaristas y analistas en que la cara fea de la gestión estuvo en los conflictos sociales y el modo en que el Gobierno los encaró. El más notable de ellos fue la marcha de indígenas de tierras bajas, que se opusieron a la construcción de una carretera a través del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) y no sólo impidieron el proyecto, sino que también posicionaron un nuevo discurso indigenista, paradójicamente opositor al Gobierno.

Es deseable, pues, que las autoridades hagan un nuevo esfuerzo por asimilar las lecciones aprendidas, particularmente en lo que se refiere al necesario equilibrio entre hegemonía y consenso, que se parecen, pero no son lo mismo.

Cogoteros

Días atrás, en este mismo espacio, se alertaba sobre taxis pirata que operan en el aeropuerto de El Alto, y que algunos de estos choferes son en realidad delincuentes que se aprovechan de la falta de controles para desvalijar a los pasajeros. Pero así como se cuecen habas en una esquina, otro tanto sucede en la acera del frente. En menos de un mes, en la ciudad de El Alto, tres taxistas han muerto víctimas de cogoteros, que utilizan prendas de vestir o sogas para estrangularlos.

Como se puede advertir, ni los pasajeros o choferes están libres de la inseguridad. Problemas de disfuncionalidad o desintegración familiar, elevados niveles de pobreza e inequidad, la ausencia de una adecuada política de seguridad ciudadana son algunos de los factores que explican este elevado índice de criminalidad. Asimismo, resulta evidente que detrás de la violencia, el consumo de drogas y el incremento de los hechos delictivos se encuentra una crisis de valores cada vez más profunda y extendida.

Como bien advierte el líder religioso de los tibetanos, el Dalai Lama, la única manera de erradicar la delincuencia y la corrupción es lograr que las personas comprendan que todas sus acciones conllevan consecuencias, y que no es posible sortear la ley espiritual de la siembra y la cosecha.

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