Editorial

Policía intervenida

La Policía Nacional acaba de sufrir una nueva humillación, y nuevamente ha sido inferida por sus propios miembros. La sorpresiva destitución de Ciro Farfán, antes de cumplir los 90 días señalados por el Presidente para erradicar la corrupción, irónicamente por su supuesta vinculación con una red de delincuentes, abre, sin embargo, una ventana de oportunidad.

La Razón

01:00 / 20 de mayo de 2011

El Presidente del Estado, a tiempo de posesionar al general Jorge Santiesteban, hasta el miércoles Subcomandante de la Policía, ha señalado muy claramente que la decisión se basó en la implicación del hasta ese día comandante Ciro Farfán en una supuesta red de falsificación de documentos de propiedad para automóviles robados. De ahí que, además el mismo día, los ministros de Gobierno y de Transparencia intervinieron las oficinas de la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos (Diprove).

No es novedad que la Policía, a causa de algunos de sus miembros, está aquejada de un mal crónico de corrupción y, en efecto, hasta ahora son más los comandantes que han caído manchados que los que se retiraron con el humilde galardón de la integridad intacta.

Por su parte, el nuevo Comandante ha comprometido en su discurso inaugural una "acción inflexible" en la lucha contra la corrupción interna. Lo dijimos entonces en este mismo espacio y lo repetimos ahora: enorme es el reto de quien debe combatir contra los males que sus propios camaradas alientan, ya que significa enfrentarse a ellos y a los mecanismos de defensa que activan en toda la institución del orden para impedir todo cambio.

Pero, además, la decisión de remover del cargo a Farfán puede ser entendida en dos sentidos complementarios: primero, revela una actitud de renovada intolerancia con la corrupción policial, que era a todas luces necesaria para siquiera poner freno a una creciente espiral que compromete la autoridad de la Policía para combatir el crimen.

Segundo, que esta renovada actitud  puede dar impulso a la búsqueda de soluciones de fondo a este mal que aqueja a la institución del orden.

En efecto, el cambio de Comandante ha venido acompañado del anuncio que la institución verde olivo dejará de administrar los servicios de identificación personal y entrega de licencias de conducir, que no sólo son fuente de la más descarada corrupción, sino que además convierten en burócratas a cientos de policías, que dejan de garantizar la seguridad pública por estar detrás de un escritorio. En ese sentido, el Presidente anunció que ambas reparticiones pasarán al control civil, y el Ministro de Gobierno prometió la pronta presentación de un proyecto de ley para hacer efectivo el cambio.

Ojalá que esta vez sí sea posible la transformación de la Policía, pues resulta evidente que, así como está, es un factor que atenta contra la seguridad ciudadana.

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