Editorial

Políticas de reinserción

Las políticas de  reinserción social  contribuyen a reducir los índices de criminalidad

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:04 / 11 de febrero de 2014

Se supone que hoy en día las cárceles han sido concebidas no solo para aislar a los criminales de la sociedad, sino también para proporcionarles una segunda oportunidad, a través de políticas de reinserción social. Además de reducir los gastos de manutención en el largo plazo, este tipo de políticas, bien implementadas, contribuyen a reducir los índices de criminalidad. 

Por ejemplo, en Brasil, un programa piloto que ofrece a los reos la posibilidad de reducirles cuatro días de condena por cada libro que lean al mes está dando muy buenos resultados. A tiempo de mantenerlos ocupados en una actividad fructífera, lo que contribuye a reducir la violencia, este programa promueve entre los reclusos la adquisición de competencias esenciales para su formación, pues no solo tienen que leer libros clásicos, de literatura, filosofía y ciencia, sino que además deben redactar informes sobre sus lecturas de manera pulcra y bien estructurados.

En el país, el centro de rehabilitación de Qalauma, que acoge a jóvenes que antes estaban recluidos en San Pedro, también constituye un muy buen ejemplo de los grandes beneficios que conlleva la implementación de estrategias de rehabilitación. Allí, además de recibir capacitación en oficios útiles como la panadería o la agronomía, los varones y mujeres de entre 16 y 21 años están aprendiendo el valor y la dignidad de un trabajo honrado, que es sin duda la mejor manera de mantenerlos alejados del mundo de la delincuencia.

No obstante, lo que ocurre en Qalauma no es la norma, sino la excepción. De hecho, en la mayoría de las cárceles del país las políticas de rehabilitación brillan por su ausencia. Carencia que contribuye a reproducir la delincuencia; claro ejemplo de ello es la reincidencia de los infractores. Por citar un caso, 45 de los detenidos que ingresaron el último mes en Palmasola pertenecían al grupo de 104 reos liberados en noviembre de 2013 de ese mismo recinto con medidas sustitutivas.

De igual manera, todos los reclusos de ese penal cruceño entrevistados por       La Razón coincidieron en que no existen políticas de rehabilitación; y si bien hay algunos talleres de carpintería donde los internos se mantienen ocupados, éstos han sido instalados por ellos, sin ningún apoyo del Estado. Lo propio ocurre en el resto de los penales del país. Las autoridades consultadas al respecto señalan que no cuentan con los recursos necesarios como para implementar terapias ocupacionales. 

Como se puede observar, urge que en el país se adopte una visión distinta en cuanto al sistema carcelario se refiere, a fin de que los centros penitenciarios no sirvan solo para recluir a los antisociales, sino también y sobre todo para rehabilitarlos. De lo contrario, las cárceles del país seguirán siendo la mejor escuela de delincuentes, lugares donde los jóvenes y no tan jóvenes son formados en el mundo del hampa por los propios expertos.

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