Editorial

Polución y derroche

Hay un diagnóstico claro sobre los motivos detrás de la escasez de agua en el país.

La Razón (Edición Impresa)

00:19 / 30 de noviembre de 2016

No hay mal que por bien no venga, reza un conocido refrán que se actualiza con cada nueva crisis que se presenta. Por ejemplo, la escasez de agua en el país ha tenido la virtud de poner en evidencia no solo la falta de institucionalidad entre las empresas estatales encargadas de su provisión, sino también el irresponsable manejo que hacemos del vital elemento en general.

Por ejemplo, en las últimas semanas se registraron al menos tres fugas de agua potable de consideración en la sede de gobierno, que fueron atendidas recién varios minutos después de que comenzaran. Esta situación, que indignó a la ciudadanía, ha puesto en relieve como nunca antes la imperiosa necesidad de reemplazar la red de agua potable y alcantarillado de la ciudad. Esto porque, con más de 40 años de existencia, gran parte de las tuberías ya culminaron su vida útil, y esta negligencia se traduce no solo en importantes pérdidas del líquido elemento, sino también en filtraciones que humedecen y debilitan los suelos, poniendo en riesgo a las viviendas.

Por otro lado, la sequía ha servido para que la ciudadanía caiga en cuenta de que, más temprano que tarde, debe cambiar sus hábitos de consumo. Y es que hoy en día, como ya antes se mencionó en este mismo espacio, el promedio de consumo diario de agua por persona en el país oscila entre 85 y 300 litros, según advierte un estudio elaborado por la fundación Canaru en 2013, cuando la OMS recomienda limitar ese consumo a 80 litros.

Por último, pero no menos importante, la falta del líquido elemento ha puesto en relieve el pésimo manejo de las aguas residuales y domésticas que impera en el país. Lo que sucede actualmente en la laguna Alalay puede ser aleccionar en este tema. Desde hace varias semanas se han reportado no solo malos olores que emanan de ese embalse, sino también problemas gastrointestinales, dolores de cabeza y vómitos entre la población que habita en torno a esa laguna de Cochabamba. Se sabe que este fenómeno es resultado del vertido de aguas residuales, provenientes principalmente de curtiembres, lavanderías y fábricas de prendas de mezclilla asentadas en el entorno, que derraman a los afluentes de esa laguna sustancias químicas como el formol, ácido sulfúrico y solventes sin ningún tratamiento. Y al igual que la laguna Alalay, muchos otros humedales como el lago Titicaca enfrentan una severa contaminación por el vertido sin tratamiento de desechos industriales, pero también de la minería, que pueden ser incluso más nocivos.

Hay, pues, un diagnóstico claro respecto a los motivos detrás de la escasez de agua en el país; factores que día que pasa tienden a agravarse sin que ninguna autoridad se haya atrevido hasta ahora a tomar el toro por las astas. Es de esperar que la crisis actual cambie esta actitud, más aun tomando en cuenta que la solución ante la contaminación y el derroche de agua sencillamente ya no puede demorar.

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