Editorial

Potencial de la llama

El municipio de Turco constituye un caso ejemplar por el avance de su industria

La Razón / La Paz

00:04 / 16 de mayo de 2012

Según estudios del Gobierno Municipal de Turco, Bolivia concentra el 63% de la población de llamas de todo el mundo y, de ese total, el 50% vive en Oruro, cuya “capital de los camélidos” es, precisamente, el mencionado municipio. Ante esta evidencia, es natural que allí se haya creado una industria de la llama que ya tiene presencia en el mercado nacional.

En efecto, desde hace cuatro años, los campesinos de Turco no sólo se dedican a la ganadería, sino que se convirtieron en microempresarios y crearon la Asociación de Productores Agroganaderos de Turco (APAT). También instalaron una planta de embutidos de carne de llama en esa población orureña.

El establecimiento de APAT tiene su origen hace ocho años, cuando la organización no gubernamental PCI (Impacto Positivo en la Comunidad) comenzó a ejecutar el proyecto de desarrollo agropecuario “Manejo Integral y Sostenible de Llamas - Mis Llamas”, en los departamentos de Oruro, Potosí, Cochabamba y La Paz, fundamentalmente en tres procesos: carne, cuero y fibra de este animal andino.

El PCI trabajó en 473 comunidades de 33 municipios de los cuatro departamentos, beneficiando en la producción primaria a 5.127 familias con infraestructura productiva, capacitación y sanidad animal; 11.769 familias recibieron capacitación en manejo ganadero y otras 93 fueron capacitadas en conocimientos veterinarios. En el ámbito de transformación productiva, 580 familias recibieron infraestructura, equipos, insumos, capacitación y asistencia técnica en materia de producción y comercialización.

Actualmente, el proyecto cuenta en los cuatro departamentos con 37 comités productivos, de ellos 21 son de fibra o lana de llama, ocho de elaboración de prendas de cuero y ocho de carne. Los gobiernos municipales pusieron la contraparte en la construcción de corrales de maternidad para llamas y sistemas de microrriego, entre otros trabajos.

Turco se constituye en un caso ejemplar por el destacado avance de su industria, pues ya cuenta con una marca registrada: “Mis Llamas”, y el respectivo registro sanitario del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) para sus productos cárnicos. Los gestores de la naciente industria de la carne de llama reconocen que el inicio no fue sencillo, pues al principio, al no verse resultados, algunos productores abandonaron el proyecto. En cambio, dice el expresidente de la organización, ahora reciben pedidos de hoteles de cinco estrellas y restaurantes de lujo, y envían sus productos a Cochabamba, Santa Cruz, Potosí, La Paz y Oruro, que es su principal mercado por la cercanía.

He aquí, pues, otro ejemplo de la enorme potencialidad productiva del país, que sólo necesita el empuje que el Estado debe brindar, especialmente si entre sus objetivos estratégicos tiene la seguridad alimentaria con soberanía.

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