Editorial

Prácticas con animales

En algunos centros de investigación ensayan diversas formas para matar a los animales

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 24 de febrero de 2015

El empleo de animales vivos para prácticas es algo común no solo en las universidades del país, sino también en algunos colegios. Activistas y organizaciones civiles han denunciado que estos ejercicios se desarrollan sin ningún tipo de consideración respecto a los animales, e incluso en muchos casos se cometen torturas y experimentos que les provocan sufrimientos extremos.

En efecto, según denuncias registradas por la Fundación Animales SOS, difundidas ayer en el último reportaje de Informe La Razón, en algunos centros de investigación del país ensayan diversas formas para matar a los animales, obligándolos a ingerir por ejemplo sustancias tóxicas como lavandina, formol y detergente.

A su vez, en las universidades, tanto públicas como privadas, es corriente la utilización de perros, gatos, conejos y ratones en las carreras de Medicina y Veterinaria, ora para aprender a realizar intervenciones quirúrgicas, ora para estudiar las características de los órganos de los seres vivos. El problema es que estas pruebas, según han señalado los propios universitarios, se realizan sin seguir protocoles que eliminen o al menos atenúen el sufrimiento de los animales.

Por caso, el año pasado, varios estudiantes de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno denunciaron a la Sociedad Protectora de Animales de Santa Cruz (Soprama) el sacrificio de animales de manera cruel en las prácticas que se imparten en la facultad de ciencias veterinarias de esa casa superior de estudios. De acuerdo con Soprama, se emplea un can para cada cuatro estudiantes, es decir que hacen falta al menos 100 perros para los cerca de 400 inscritos solamente en la Facultad de Veterinaria de la UAGRM para cada práctica.

A raíz de estas denuncias, activistas y un programa de televisión pudieron constatar la existencia de varios perros amarrados con sogas en las instalaciones académicas, a la espera de ser diseccionados. Consultado por este diario, el Vicedecano de la Facultad de Veterinaria reconoció el empleo de canes que son recogidos en la perrera municipal, pero negó que se les dé un trato cruel e inhumano. Esta realidad se repite en mayor o menor medida en el resto de las universidades del país. De allí que los promotores de la ley en defensa de los animales que actualmente se debate en la Asamblea Legislativa decidieron incluirla en la norma.

Ahora bien, más allá del debate de si es posible o no formar doctores sin recurrir a este tipo de prácticas, calificadas por muchos como actos de barbarie injustificados, mientras se resuelve este dilema, al menos deberían existir normas y protocolos que garanticen que los animales utilizados no padezcan ningún sufrimiento, con el empleo adecuado de tranquilizantes, anestesias y eutanasias luego de las prácticas. Es lo mínimo que se le debería otorgar en reconocimiento a su sacrificio.

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