Editorial

Precio de la harina

Este tipo de subvenciones a la larga conllevan el riesgo de ser insostenibles

La Razón (Edición Impresa) / Editorial

00:00 / 17 de mayo de 2015

Días atrás, la Ministra de Desarrollo Productivo anunció la suspensión a la subvención de la harina para panificación. Aunque podría afectar al consumidor final, esta medida llega en buena hora, ya que este tipo de subvenciones a la larga conllevan el riesgo de ser insostenibles y de beneficiar a grupos distintos a los que originalmente eran el objetivo.

La subvención al precio de la harina comenzó en 2011, en un entorno muy particular, con altos precios del trigo y asumiendo que el pan era un componente importante de la canasta alimenticia de las familias de menores ingresos. Por otro lado, la subvención no tuvo un alcance nacional, pues solo se aplicó en algunas regiones.

Hasta la fecha, según las autoridades, el Estado ha destinado más de Bs 900 millones para subvencionar la harina, un monto importante por donde se lo mire. Si el precio del trigo y de la harina han bajado, no tiene ningún sentido mantener el subsidio.

Indudablemente, el país ya no es el mismo que el de hace seis años. Con todas las limitaciones que se pueden atribuir a la estructura de la economía, el Producto Interno Bruto (PIB) ha estado creciendo de manera ininterrumpida prácticamente desde hace una década. Esto se ha reflejado en diversos fenómenos relativos al cambio de patrones de consumo y, en particular, de consumo alimenticio.

En efecto, a medida que el ingreso por habitante se incrementa, los patrones de consumo alimenticio se alteran. Con seguridad ya muchas familias han podido enriquecer su alimentación y disminuir su consumo diario de pan. Por otro lado, la oferta de alimentos de panadería se ha enriquecido muchísimo en los últimos años. Por ejemplo, gracias al trabajo pionero de algunas empresas nacionales en la década de los 90, el mercado del pan integral se ha desarrollado y se ha diversificado en los últimos años.

Pese a que no existe ningún estudio serio sobre las modificaciones de los patrones de consumo, los incrementos interanuales de consumo en restaurantes y supermercados entre 2013 y 2014, de 27% y 10% respectivamente, dan indicios importantes de los cambios de tendencia.

La actitud conflictiva del gremio de los panaderos, antes que provocar alarma y precaución, deberían llevarnos a cuestionar un par de elementos, con el fin de saber si en realidad la subvención no fue desviada: en primer lugar, la sostenida y evidente disminución en el peso del pan de batalla durante el período en el que duró la subvención. En segundo lugar, vale la pena investigar si las panaderías no habrán aprovechado el cambio de patrones de consumo ofreciendo otros productos con harina subvencionada.

Saludamos la iniciativa del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural y, desde este espacio, hacemos votos para que esta institución profundice su labor promoviendo el consumo de alimentos nacionales con mayor calidad nutritiva.

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